La partida

Hacía varios días que el cuarto era un desastre, pero hoy las cosas regadas ocuparon un lugar en la mochila. Aún quedaban por guardar un pomo lleno de agua, el nylon para dormir y las botas, pero ya no cabía nada más. Puse el nylon y las botas bajo la tapa de la mochila y el pomo lo ajusté con las correas, demostrando que siempre se puede más. Revisé por última vez el listado de las cosas que debía llevar. Ahora sí nada faltaba.

Sentía en el cuerpo el frescor de quien acababa de bañarse con deseo, pues no sabía cuántas horas pasarían para volver a hacerlo. También me había afeitado minuciosamente, porque transcurrirían días para tomar nuevamente la cuchilla en la mano.

Vestido con un pulóver, un pitusa desteñido y los tenis de parranda, me senté a la mesa a comer. Me serví con ganas por lo que pudiera venir y lo devoré todo. Con cierto complejo de camello, tomé más agua de la que necesitaba. Me lavé los dientes y guardé rápidamente el cepillo en un bolsillo de la mochila para evitar lo que sería un grave descuido.

Finalmente, cerré las correas y cargué sobre mis espaldas la más de sesenta libras de peso. Me eché un último vistazo en el espejo, y complacido con mi porte de  guerrillero, partí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s