La cueva de La Pluma

Por: Sandelis (Mal Nombre)

El lobby de La Pluma

El lobby de La Pluma.

Con sus tres amplias entradas, diferentes niveles, tres lagos (uno de 29 metros de profundidad), una larga gatera, estrechos pasos, complicados descensos, una pictografía aborigen, indicios de histoplasmosis, crías de murciélagos, bastante guano y demasiado fango, la cueva de La Pluma es sin dudas una caverna sumamente interesante. Ubicada entre la ciudad de Matanzas y el puente de Bacunayagua, tiene al norte el mar y al sur la Vía Blanca, con el Valle de Yumurí de fondo.

Para llegar al lugar, dos trayectos se pueden seguir.Por la Vía Blanca es preciso bajarse en el kilómetro 85 en un caserío llamado Cumbre Alta, ubicado tres kilómetros al este de Rincón Moderno y nueve al oeste de la ciudad de Matanzas. Por el tren de Hershey es necesario descender en la estación de Mena, regresar por una carretera unos dos kilómetros, luego coger a la derecha un terraplén que atraviesa una granja, y en pleno Valle de Yumurí, llegar a la base de la cordillera para ascender por un camino hasta Cumbre Alta en la Vía Blanca. Desde Cumbre Alta parte un terraplén rumbo al mar y a unos cuatro kilómetros, luego de un pequeño descenso pedregoso, desciende por la derecha un trillo algo oculto hasta llegar a la dolina de entrada a la cueva. Tras rebasar una abertura primaria, se llega a un vallecito interior, el cual ofrece a un costado techo y suelo para acampar.

En las 14 excursiones malnombristas a esta caverna matancera se han definido tres recorridos, que abarcan los principales atractivos de la espelunca. Desde el vallecito interior parten los trayectos.

La entrada principal.

La entrada principal.

El primer recorrido sirve de calentamiento, pues no le exige mucho al explorador. Se camina casi todo el tiempo erguido desde la entrada principal hasta la salida del sol. Allí se aprecia la “pictografía del sol”, huella aborigen que ha resistido el embate de más de cinco siglos. Se regresa por un túnel bajo, húmedo, que asemeja un “tubo”, con ciertos requerimientos gatunos para rebasarlo.

La pictografía del Sol.

La pictografía del Sol.

El segundo recorrido se complica en La Rampa de la cueva: El Salón de los Balcones. Bordear un precipicio y subir a soga (o cuerda) ponen a prueba la psiquis y los brazos. Luego sigue un trayecto más suave, con la excepción de La Alcancía, formada por dos agujeros sumamente estrechos que requieren vencerse a gatas. Se llega después a un descenso con soga hacia El Salón de Las Campanas, dado el nombre por su techo con agujeros circulares. Desde allí un recorrido lleva hasta el lago de Los Camarones Ciegos. Se regresa después para girar a la derecha y aparecer en lo profundo de la Salida de Los Caguayanes, como del centro de la tierra. La vista aquí es un “escándalo”. Unos sesenta metros de largo con ancha abertura y marcada inclinación se confabulan con una hermosa claraboya matizada por largas raíces de jagüeyes. Al salir se bordea un farallón adornado de avisperos y se atraviesa un campo plagado de guao para regresar a la entrada principal. ¡Sugerente, ¿no?!

La salida de los Caguayanes.

La salida de los Caguayanes.

No obstante los atractivos descritos, el tercer trayecto es el más interesante, pues significa adentrarnos en las profundidades mayores de la caverna. Saliendo del campamento base, se llega a la entrada principal y de allí al Salón de Los Balcones. Después de bordear este recinto casi completamente, aparece el “Sándwich”. ¡Vaya nombre! Cuando usted se para encima de la intrigante abertura que se ofrece, se eriza. La cuestión es bajar a soga hacia lo oscuro. Al descender se convierte en el jamón, y las paredes laterales, en las dos tapas del pan, ¡todo un Sándwich!

Descendiendo el Sándwich con el fango al "cuello".

Descendiendo el Sándwich con el fango al “cuello”.

Allí estará el San para recibirlo y usted se le encarama y desciende a través de su alargado cuerpo. Pero falta lo mejor. Viene ahora un descenso inclinado soga en mano hasta una piedra. De ahí en adelante: a “nalguear” con el fango en la siquitrilla. Deslizando unos cinco metros con gran aceleración cae finalmente en un charco-fango para ser recibido por Alfredo, quien con dos granadas de fango en las manos lo embadurna de la mezcla pegajosa. Si aún no se lo imagina, busque una foto del pintor en el Boletín de diciembre.

Después de estas peripecias, se continúa por un túnel hasta llegar a la entrada de La Gatera, pero no se desespere, que ya se arrastrará a la vuelta. El túnel prosigue, obviando usted una desviación a la izquierda para continuar descendiendo. Por fin aparecerá el Gran Lago al nivel del manto freático. Una bóveda inmensa, con un lago de agua superfría de unos 25 metros de diámetro, lo esperan. Verá entones al San chapoleteando para que una capa superficial compuesta por guano de murciélago (mier…) se arrincone en las orillas.

Por supuesto, tendrá dudas, pero si se decide, nadará en las aguas oscuras con el frío exacerbado, para llegar al otro lado, donde una loma de tierra-guano lo invita a subir. Luego de hundir sus pies trabajosamente para coger impulso, podrá ascender y sentarse literalmente en una loma de mier… Allí estará un rato hasta que el temblor le avise, que si no se tira rápido, la hipotermia viene. Cruzar el lago de vuelta, ponerse las medidas con el fango en cada pie y partir de regreso puede ser incómodo. Pero, ¿qué va a hacer?, ¡¿quedarse allí?! Se lanza, cruza, sube, se viste y parte (¡qué sencillo!). Así se empieza a acercar usted a La Gatera hasta ver a los primeros perderse por un hueco bien estrecho que hay en suelo. ¿No hay otra forma de salir?, es la pregunta que uno siempre se hace para adentro. Pero tristemente es cierto: NO HAY OTRA FORMA DE SALIR; a no ser que usted quiera coger el Sándwich para arriba, lo cual no le aconsejo.

Vienen entonces unos 60 metros de arrastrarse, y la claustrofobia que creyó que no sentía, lo aprieta allá adentro, el aire le falta, aunque haya suficiente, y aquel túnel no se acaba. Para colmo, a la mitad un agujero lo obliga a entrar de cabeza, su cuerpo es una curva y no se quiebra de milagro. Por fin los primeros van llegando, ¿pero a dónde? Pues al hueco de entrada del Sándwich, que si se descuida va abajo. Con cuidado rebasa la abertura, pues el hueco está en el medio y las paredes están mojadas. Así finalmente entra en el Salón de Los Balcones para bordear nuevamente el precipicio y salir a la entrada principal.

Entrando por La Alcancía.

Entrando por La Alcancía.

De este modo ha terminado el periplo por La Pluma. Pero, ¿se va a ir así para La Habana, con el fago en la rabadilla? Para eso están los Gurs cerca de la entrada. Se baña en los laguitos con el guano condensado y sale a la luz para recoger y desandar el terraplén que lo lleva a la Vía Blanca. ¿Y cuándo se tirotea? Averigüe usted, que La Pluma da un hambre del caraj…

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5 Respuestas a “La cueva de La Pluma

  1. Hola,
    Mi nombre es adiley, y he acampado en varios de lso lugares que mal nombre explora, me gustaría sumarme al gómo ¿cómo hacer? salu2

  2. oeoe yo fui a la acampada de la pluma y me gusto mucho el viaje pero serio ay que ir con un pikete grande porque esta duro el recorrido

  3. hola, quisiera poder ver fotografias de miguel alfonso sandelis, se ve que es una persona que inspira a otros. saludos

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