Con el ánimo presto y la mochila al hombro

Por: Sandelis (Mal Nombre)

 

Eran las siete de la noche, pero en verano aún es de día. Un ruido extraño llegó de atrás. Me viré y vi acercarse una ola de agua carmelita, que de palos y ramas se tejía, elevándose a casi medio metro sobre el nivel del río. Era una crecida del Toa.

Los primeros ya llegaban a la única playa de la zona. A otros la crecida los sorprendió en navegación. Los últimos, andábamos de orilla,  con las balsas bajo el brazo. Yaser logró salir del agua, pero Yara alcanzó a penas el asidero de una piedra, pues la corriente la arrastraba sin darle tiempo a conquistar la orilla.

 Vino el rescate de Yara, la división del grupo en dos riberas, la noche.

Cuántas imágenes de momentos difíciles en 21 años, cuántos pensamientos, sensaciones, dudas, ante riesgos y tropiezos. No obstante, jamás el desaliento ha minado a un colectivo malnombrista, nunca la moral del grupo se ha resquebrajado. ¿Dónde está el secreto?

Tras la subida a la cima del Pan de Guajaibón, la llegada a la base, con la noche encima.

Tras la subida a la cima del Pan de Guajaibón, la llegada a la base, con la noche encima.

Desde el mismo año 88 siempre ha existido un núcleo malnombrista que con motivaciones comunes, cualidades guerrilleras, y sobre todo, valores, ha marcado el espíritu de grupo con la capacidad de mantener y difundir el ánimo en las más difíciles circunstancias. Este aliento se ha heredado por generaciones de malnombristas a lo largo de más de dos décadas.

El Toa del 96 fue la última guerrilla de verano del Oso, Barbón, Mansur, Gerardo y Despaigne, y la primera de Hery, Idalmis, Eduardo, Pablo y Frank. La fusión en nueve días, de veteranos y novatos, garantizó la continuidad. En cada guerrilla la herencia se trasmite, enriquecida con las peculiaridades de los nuevos

La presencia femenina existe desde el mismo primero de enero del año 88. Quién cede ante su postura serena y dispuesta, con el encanto innato. Los niños, desde el 99, nunca han faltado; solo mirarlos da aliento, las fuerzas renacen, el ánimo crece.

 

De solo verlos, ¡quién se afloja!

De solo verlos, ¡quién se afloja!

Oscurecía de prisa en el Jaguaní. Con Patricia en la balsa me adelanté a los últimos. Alcancé a Karina, Maribel y Joel,  les dejé a Patry con sus seis añitos y regresé a la retaguardia. Maribel y Karina después me contaron.

 Al quedarse con Patricia, el hambre, la incertidumbre y la lejanía de los de alante les pesaban un mundo. Y en aquella soledad del río, con los árboles velando, y la noche encima, ocurrió el milagro cuando Patry les dijo: “Vamos  a cantar la canción de La Gaviota”.

En el 2008, bajando el Pan de Guajaibón, mojados, con hambre, con cansancio y la tarde muriendo, ¡cuántos pensamientos en 39 seres!, incluidos nueve niños. Pero un objetivo: llegar, sin lamentos ni desánimos que minaran a la tropa. O aquella noche en Arroyo del Infierno con lluvia, piedras y humor.

La historia seguirá su paso, vendrán nuevas guerrillas con disfrutes, peripecias y tensiones. Se harán los cuentos, se trasmitirán valores, se sumarán virtudes. Habrá momentos de dudas, incertidumbre y hasta miedo. Pero el ánimo, la certeza de lo posible, el aliento colectivo, jamás será violado, porque una historia hay que merece su respeto y de lo humano nace lo imposible.

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