Cañón del Santa Cruz.

Por Guillermo Aguirre, organizador del grupo de excursionismo de la Facultad de Matemática-Computación, de la Universidad de La Habana.

Introducción

Casi todos nos quedamos a dormir en casa del Guille, ya que de ahí es menos hasta el puente de 100 y Boyeros de donde salen los camiones para Pinar del Río. Además, siempre está la posibilidad (como en efecto pasó) de que Guillermo (padre) nos dé un aventón. En cuanto llegamos hay un camión vacío y con asientos libres para nosotros, esperándonos. El viaje tenía un presupuesto destinado de $20 en el primer camión y $5 en el segundo para ir, y algo similar para regresar. El estimado creció un poco cuando nos enteramos que ir sentado conllevaba a abonar $5 más. Pero es válido decir que la distancia entre este puente y el de San Cristóbal no es poca, ir sentado es de gran ayuda.

Después de un tiempo, llegamos al puente y enseguida preguntamos dónde se cogen los camiones que van para el pueblo “5 pesos” (bonito nombre). Alguien nos dice, miren es ese que está parado allá, corran que el otro es a las 11:00. Corrimos y llegamos a un híbrido entre camión y guagua repleto. Bueno, repleto para nosotros y las pobres almas que estaban adentro, para el conductor que venía agarrado en la puerta de atrás eso estaba vacío, vacío. El que ha montado un buen “P” entiende de qué estamos hablando. Nos montamos, pagamos los ¿$10? y nos enteramos de que había una carretera de solo 7 km que iba de “San Cristóbal” a “5 pesos”, pero que estaba rota y había que coger por Soroa, lo que hacía que el viaje fuese más largo, peligroso y caro. ¡Qué rico! El viaje se puede volver un poco tedioso, pero en estos asuntos de guerrilla, generalmente mientras más duras se ponen las cosas, más risas surgen. En el híbrido iban unos muchachos burlándose y diciendo que al pueblo le iban a cambiar el nombre y le iban a poner “10 pesos”.

Estando en el camión, un muchacho contemporáneo con nosotros nos preguntó para dónde íbamos, le explicamos que para el Cañón de Santa Cruz y que pensábamos quedarnos en casa de Tomás, ¡qué casualidad!, él era nieto de Tomás. ¿Quién sería este hombre al que se le atribuía una inmensa generosidad y además parecía tener una prole abundante? Bueno, la suerte nos sonreía, ya teníamos a alguien que nos guiara después que llegáramos al dichoso pueblo.

De “5 pesos” a casa de Tomás:

Un alto en la caminata rumbo a la casa de Tomás.

Un alto en la caminata rumbo a la casa de Tomás.

Llegamos, nos tomamos unas fotos y empezamos a subir una empinada carretera que, según el mapa, había que seguir hasta un pinar. Al nieto lo debíamos encontrar más adelante, él tenía que pasar por una casa primero. Nos alcanzó y también lo hizo una aspirina con música alta que por suerte nos adelantó lo que faltaba hasta el pinar, que aunque en guagua fueron segundos, estoy convencido que a pie hubiese sido una eternidad. Muchas caras preguntaban ilusionadas si la guagua no nos podía acercar más, pero no, a partir de ahora todo era a pie.

Cogimos el trillo y al menos yo pensé: na’, ya no puede faltar mucho. Iluso, faltaba más, bastante. Las indicaciones eran simples, a partir de aquí izquierda todo el tiempo. Además, teníamos gente que iba para esa zona, incluyendo al nieto de Tomás. Pero ellos vivían allí hacía años y la experiencia jugó a su favor, enseguida nos adelantaron, así que quedamos solitos (menos uno de los guerrilleros que sí siguió con ellos) bajando y subiendo lomas en lo más recóndito de Pinar del Río, o al menos todos nosotros pensábamos eso. Después de mucho caminar y de que nos cogiera un aguacero jodedor que cesó en cuanto llegamos, sí, porque llegamos; y también de que casi llegando aún sin ver el río que queda a 100m del destino tomáramos por un portón izquierda cuando había que seguir recto. Pero bueno, cuando tomamos izquierda, a 300 m como máximo se acababa el camino en una granjita que por mucho que gritamos no nos atendió nadie, solo había unos puerquitos que nos miraban como diciendo: “Y quiénes son los locos estos.” Pero bueno, viramos atrás y a 100 m ¡el río! Y otros 100m ¡la casa de Tomás! con Tomás esperándonos como si fuésemos unos viejos familiares a los que hacía rato no veíamos.

Aquí quisiera hacer un alto. En las experiencias de guerrilla y visitas que hemos tenido a otras provincias es fácil ver que los guajiros (excepto quizás los que están vinculados al turismo) tienen un sentido de la hospitalidad que no se ve en la capital. Creo que los habaneros tenemos mucho que aprender de la bondad que abunda en Cuba, porque La Habana, al menos geográfica y poblacionalmente, es tan solo un pedazo de este hermoso país.

La Casa de Tomás:

En el secadero de café de la casa de Tomás.

En el secadero de café de la casa de Tomás.

Ya instalados, enseguida escampó, bastó un segundo para sentirnos como en casa y entonces compartimos comidas (de nosotros) para merendar y café exquisito cultivado por el propio Tomás. Armamos las casas de campaña y nos fuimos a conocer, en mejores condiciones, el río.

Sahily había dicho en el viaje: “¿Yo bañarme en el río, no hijo no?” El que oyó eso y después la vio chapoteando como la primera, entenderá que nos gustó mucho y nos divertimos más.

Bañándonos en el río, inlcuyendo a Sahily.

Bañándonos en el río, inlcuyendo a Sahily.

Después de refrescarnos, subimos y continuó lo que quedaba de tarde y la noche. La comida, adivina, espaguetis, ese gran aporte de los italianos a las guerrillas cubanas. La noche es muy amena, sobre todo si uno se sienta a hablar con Tomás haciendo cuentos de campo que siempre asombran al que no es de allí, y siempre es divertido, como el que tiene 2 o 3 pelos de cobarde pone carita de miedo.

Más baño en el río.

Más baño en el río.

El Cañón y el regreso:

Atravesando el Cañón.

Atravesando el Cañón.

Con respecto al regreso, podemos decir sin lugar a dudas que es la parte más hermosa del viaje. Se atraviesa todo el cañón bordeando el río hasta que llegas a una cerca. Esto suena corto en palabras y es, la verdad, una injusticia con el viaje que a nosotros nos costó aproximadamente 4 horas de caminata. Después de la cerca hay que coger izquierda y caminar (más) hasta llegar a una mina. De ahí cogimos una camioneta que nos sacó hasta la “Ocho Vías” y ahí como nos explicó un trabajador: enseñas el melón ($ 20) y algo te parará. Así concluye este viaje.

En la parte del regreso no se ha hecho profundizando, ya que pensamos que las palabras no pueden describir la belleza y el trabajo que conlleva este viaje. Lo primero trataremos de ilustrarlo con fotos que sin lugar a dudas se van a quedar cortas. Así que nuestra recomendación es no dejar de ir al Cañón de Santa Cruz, conocer a Tomás y su casa, que como podrán leer en la agenda que guarda de “ninguna queja ni sugerencia y muchos agradecimientos”, es la casa de todos. Así de paso, como quien no quiere las cosas, podrán probar lo segundo.

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5 Respuestas a “Cañón del Santa Cruz.

  1. ¡¡Qué bien!! Es una alegría enorme leer y ver imágenes de las aventuras de los matemáticos por los montes de nuestra bella Isla. ¿Puedo sumarme a la próxima aventura? Saludos a todos.

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