De Holguín a Baracoa, guerrilleando

Por: Miguel Alfonso Sandelis (integrante del grupo Mal Nombre)

La guerrilla de verano de Mal Nombre tuvo como principal escenario –aunque no el único- la provincia de Holguín. 16 días duró la excursión, que contó con la participación total de 44 malnombristas, aunque algunos se fueron antes de concluir la guerrilla y otros entraron después.

Partimos el jueves 25 de julio desde La Habana y el 26 amanecimos en Birán, donde realizamos la visita a tan importante lugar histórico. La tarde del propio 26 la pasamos en la ciudad de Holguín, subiendo la Loma de La Cruz y recorriendo calles y parques de la bella y limpia ciudad de los parques, y valga la redundancia.

Malnombristas en la Loma de La Cruz.

Malnombristas en la Loma de La Cruz.

El sábado 27 recorrimos sitios interesantes de la costa noroeste holguinera. Primeramente fuimos al Chorro de Maíta -en el muncipio Banes-, caracterizado por ser uno de los más importantes sitios arqueológicos de Cuba, sobre todo por los enterramientos allí encontrados. En las inmediaciones del Chorro visitamos una aldea taína y conocimos las costumbres de los aborígenes.

Luego nos bañamos en la bella y nutrida playa Guardalavaca. Después nos bañamos en la también bella y menos nutrida playa Esmeralda y recorrimos el largo puente que allí atraviesa a una laguna costera.

Bariay fue el siguiente lugar visitado, justo por donde desembarcó Colón el 28 de octubre de 1992 en su primer viaje a América. Un interesantísimo show con costumbres aborígenes presenciamos en el sitio, además de pararnos al borde del fondo de la bahía, junto a una cruz que señala el posible lugar del desembarco. Seguidamente, también en Bariay, visitamos el conjunto escultórico sobre el “encuentro entre dos culturas”, el cual muestra varias columnas de la arquitectura occidental penetrando en cuña entre esculturas aborígenes.

Disfrutando del show aborigen en Bariay.

Disfrutando del show aborigen en Bariay.

En el final de la tarde visitamos la bella y pintoresca ciudad de Gibara. Allí nos regodeamos la mirada desde un mirador, asaltamos las cafeterías en el parque principal y recorrimos el malecón.

En la noche, volvimos a pasear por las calles y parques holguineros.

El domingo 28 partimos en una botero hacia el poblado de Mayarí, para desde allí subir en guarandinga a la meseta de Pinares de Mayarí y llegar a un restaurante campestre situado al borde del Salto del Guayabo. En la tarde bajamos hasta el río, donde caen precipitadas las aguas de los saltos del Guayabo (96 metros de altura) y Verraco (127 metros). El lugar es una preciosidad, que vale la pena incluir en cualquier excursión por la zona. Ascendiendo un poco el Guayabo, formamos una tiradera de fango, pero bueno, eso no estaba en los planes. Luego de subir al restaurante, recorrimos un sendero ecológico que lleva hasta la altura desde donde salta el Guayabo. Finalmente dormimos sobre el suelo del restaurante.

Al frente, el salto del Verraco; por la izquierda cae el Guayabo.

Al frente, el salto del Verraco; por la izquierda cae el Guayabo.

El lunes 29 continuamos nuestro recorrido por Pinares de Mayarí. Fuimos casi hasta el final y ascendimos la mayor altura de la Meseta, la Loma de la Mensura, elevada a 991 metros sobre el nivel del mar, desde donde una bella vista permite contemplar gran parte de la Meseta, y más allá, incluso a nuestro cercano destino: el Pico Cristal. Luego acampamos junto a una bella presita de unos 200 metros de diámetros (ya visitada por Mal Nombre en 1999), ubicada a unos 400 metros del motel de la zona. El baño en la presa en la tarde se completó con una cocina de espaguetis bajo un buen aguacero. Acampamos junto a la presa.

Acampada junto a la presita en Pinares de Mayarí.

Acampada junto a la presita en Pinares de Mayarí.

El martes 30 partimos de regreso de la Meseta, caminamos un tramo y luego un camión nos llevó de vuelta al poblado de Mayarí. Nos fuimos de Mayarí en un botero por la carretera que lleva hasta Moa y nos bajamos en el caserío El Quemado, para ir en busca del ansiado y difícil Pico Cristal. Luego de 3 intentos primarios, Mal Nombre conquistó el Pico Cristal en el año 2003, tras 5 días de abrir un camino a machete limpio y otros dos de acercarnos y alejarnos de la zona. Ahora, a 10 años de aquello, la emprendíamos nuevamente rumbo al más difícil de los picos encumbrados de nuestro país, según nuestra experiencia. Pero el tiempo del que disponíamos era menor, solo 5 días como máximo, incluyendo uno que teníamos de reserva en la guerrilla.

Al bajarnos en El Quemado, caminamos unos 3 kilómetros hasta un campamento de pioneros, donde acampamos y dejamos parte de la carga que llevábamos, que no nos serviría para el Cristal.

El miércoles 31, al amanecer, cogimos un camión que nos llevó hasta las cercanías del poblado del Culebro, en plena Sierra Cristal. Caminamos hasta el Culebro, por donde pasa el río Cabonico, subimos una gran pendiente, bajamos otra vez al Cabonico, llegamos al caserío del Palenque y continuamos subiendo en busca de un antiguo aserrío, que nos dio cobija en el 2003.

Cruzando el río Cabonico.

Cruzando el río Cabonico.

Buen trabajo costó encontrar el aserrío, pues una gran capa vegetal cubría el suelo de las dos placas de concreto allí construidas. Para no perder tiempo, formamos un piquete de 8 abre-montes, con la función de explorar esa misma tarde si había camino rumbo al Cristal, mientras el resto se quedaba preparando el campamento y haciendo la comida.

La exploración de los 8 nos dio que había un maltrecho camino, algo contaminado por el tibisí, pero que avanzaba hasta casi la mitad de los 6 kilómetros a recorrer hasta la cima. Eso era un buen aliento, pensando en nuestro escaso tiempo para lograr el objetivo. Regresamos los 8 y acampamos todos en el aserrío.

Preparando la acampada en el antiguo aserrío.

Preparando la acampada en el antiguo aserrío.

Además del problema del camino, el otro gran rollo en la zona es la carencia de agua. Junto al aserrío corre un arroyo, pero en los restantes 6 kilómetros no hay fuentes de abastecimiento, salvo dos charcos que nos encontramos en nuestra exploración y las escasas posibilidades que brindan los curujeyes. Hay que razonar que no son 6 kilómetros cualquiera, sino en una zona sumamente enmarañada, donde el paso se hace muy lento.

El jueves 1ro. de agosto partimos nuevamente los ocho por el largo firme que entronca con el firme del Cristal. El plan era que si el camino seguía avanzando, mandaríamos la noticia al resto de que partiera esa misma mañana al encuentro con nosotros. Al comprobar que el camino llegaba hasta más menos la mitad del recorrido, mandamos la señal por celular, pero un tin más adelante el camino se cerró. No obstante la suerte estaba echada: había que llegar a más tardar al otro día, porque no había condiciones para acampar con toda la tropa dos noches en aquella zona.

Las mujeres subiendo por el largo firme que antecede al firme del Cristal.

Las mujeres subiendo por el largo firme que antecede al firme del Cristal.

Un violento aguacero, con no menos violentos truenos, le puso tensión y demasiado frío a la tarde, pero el ánimo de las mujeres era envidiable, pues se pusieron a cantar en medio de la lluvia. Esa noche acampamos 32 malnombristas entre helechos arborescentes, en el entronque de los dos firmes, con el agua sumamente racionada, comida fría, un terreno más que irregular, una humedad que no pasaba el 100 % por ser imposible y un frío que para qué. Pero bueno, por suerte, siempre amanece.

El viernes 2 de agosto comenzamos temprano la abridera de monte, con otros hombres más sumados a los 8 habituales abre-montes. El primer tramo fue sumamente complicado, y como tal, lento. Con los minutos de demora, el riesgo de no llegar a la cima del Cristal o de acampar otra noche en las alturas, casi sin comida y sin agua, crecía. Pero tras rebasar una hondonada muy húmeda y subir entre hierbas y piedras a una primera altura, la vegetación y el terreno disminuyeron algo su rigor y el ímpetu malnombrista aumentó. La velocidad entre las dos últimas alturas fue casi de locura y finalmente, a las 11 y 8 minutos de la mañana, conquistamos por segunda vez la cima del Pico Cristal. La alegría y las fotos dieron cuenta de ello.

Mal Nombre por segunda vez en la cima del Pico Cristal, junto al monumento a Calixto García.

Mal Nombre por segunda vez en la cima del Pico Cristal, junto al monumento a Calixto García.

El regreso en la tarde fue bastante sediento, incluso al punto de tragarnos el agua del charco sin hipoclorito de sodio. Los curujeyes ya no podían brindarnos mucho, pues los habíamos saqueado a la ida. Acampamos esa noche nuevamente en el aserrío.

El sábado 3 de agosto partimos del aserrío, pasamos por Palenque, nos regalamos un merecido chapuzón en el río Cabonico y en el Culebro cogimos un tractor con una pipa, que nos subió bastante apretados hasta Limoncito. Desde allí caminamos un tramo hasta coger un camión que nos llevó hasta el campamento de pioneros, no esperó a que recogiéramos las cosas y nos dejó finalmente en El Quemado.

En nuestra incursión en busca del Cristal, supimos de varias excursiones malogradas por no hallar la ruta o por las dificultades con el camino unidas a la escasez de agua. En un artículo que enviaremos al periódico Juventud Rebelde, hablamos de estos temas, haciendo un llamado a mejorar tal situación.

Ya en el Quemado, cogimos en camión que nos llevó hasta Moa. Esa noche acampamos hechos unos pordioseros en la terminal de Moa, donde organizamos una guardia, para evitar alguna pérdida.

"Pordioseros" acampados en la terminal de Moa.

“Pordioseros” acampados en la terminal de Moa.

El domingo 4, a pesar de los malos augurios que nos llegaron de que el camino para el terraplén de La Melba estaba interrumpido, cuadramos con el chofer de una guagua y partimos por la nueva serranía, pues el próximo objetivo era navegar en balsas por el río Jaguaní, hasta el mismísimo Toa. Aunque el terraplén se complicaba en dos lugares, no fue imposible pasar, y a eso del mediodía, llegamos a La Melba. Allí, a pesar de tener el permiso del CICA (CITMA-MINFAR), por estar la zona dentro del Parque Alejandro de Humboldt, el responsable en La Melba nos puso objeción, alegando que debíamos tener también el permiso del Parque. Pero le insistí en que yo había hablado con la mismísima Directora del Parque sin que me comentara acerca de la necesidad del tal permiso. Finalmente, y tras “tirar por la planta”, recibió la orden de que nos dejara navegar.

En La Melba, junto a la guagua y al arriesgado chofer.

En La Melba, junto a la guagua y al arriesgado chofer.

Cuatro días navegando en balsa por el río Jaguaní, incluyendo un último tramo por el Toa, fueron “la vida misma” para los 27 malnombristas que lo realizamos. Las tensiones en los rápidos, los sustos y hasta el temor de ser barridos por el Toa en una crecida al final, no faltaron, pero todo valió la pena por hacer algo tan adrenalínico y a la vez delicioso. Era la 5ta. vez que navegábamos el Jaguaní, más otras 6 del Toa, pero cada una tiene un encanto especial, mucho más para los novatos.

Navegando por el río Jaguaní.

Navegando por el río Jaguaní.

Un alto en plena navegación.

Un alto en plena navegación.

El salto de La Mariposa (así nombrado por Mal Nombre), visto desde el Jagauní.

El salto de La Mariposa (así nombrado por Mal Nombre), visto desde el Jagauní.

El jueves 8 en la tarde llegamos a Baracoa e invadimos cuanta cafetería, quiosco, pizzería o restaurante nos encontramos. Por la noche bailamos cuanto quisimos en el ranchón.

El viernes 9 lo pasamos entero en Baracoa, recorriendo La Punta, el Malecón, los museos y otros bellos lugares de la ciudad primada. En la tarde nos dimos un chapuzón en una riquísima poceta del río Miel, algo alejada del centro de la ciudad.

Malnombristas junto a la entrada de la bahía de Baracoa, antes de tirarse en ella. Al fondo, el Yunque de Baracoa.

Malnombristas junto a la entrada de la bahía de Baracoa, antes de tirarse en ella. Al fondo, el Yunque de Baracoa.

El sábado 10 partimos temprano de Baracoa, recorrimos La Farola y en la tarde visitamos Baragua y Dos Ríos. La noche en guagua y la madrugada en La Habana completaron la 26 guerrilla de verano de Mal Nombre. Las fotos y las anécdotas abundaron.

Sin la unidad y la ética del grupo, nada hubiese sido posible. Nuevos lugares conocimos los malnombristas, nos llegamos a otros ya visitados y continuamos creciendo en este incansable periplo por la “tierra más linda que ojos humanos vieron”.

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