Jardín de Aspiro: Primera acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo

El once de mayo del año dos mil trece, con seis grupos de excursionismo de reciente constitución y otros seis con experiencia guerrillera, constituimos el Movimiento Cubano de Excursionismo. Para el fin de semana del ocho, nueve y diez de noviembre del propio año, previmos realizar la primera acampada del Movimiento y la sede sería un área de acampada de la Sociedad Espeleológica de Cuba, ubicada en la zona conocida como Jardín de Aspiro, en la Sierra del Rosario. Un intercambio entre los grupos, varias competencias, una excursión por la zona y una fogata nocturna con preguntas e iniciativas, estaban contempladas entre las actividades para el fin de semana. La propuesta que se hiciera de una siembra de árboles, era lo único eliminado del plan, por no conseguir las posturas quien hizo la propuesta.

Viernes 8 de noviembre del 2013

La tarde se fue nublando peligrosamente en La Habana. Era la primera acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo y el interés y expectativas por sus resultados eran grandes en quienes estamos involucrados en su organización. Por eso, un aguacero en las horas de la partida no era nada conveniente para lograr una buena participación de los integrantes de los grupos, sobre todo con la prioridad que le dábamos a sumar más excursionistas al Movimiento. Pero a la lluvia no le importaban para nada nuestras preocupaciones y antes de las cinco ya estaba lloviendo ligeramente.

El horario pactado para vernos era entre las cinco y media y las seis. Los primeros en llegar cuadraron con el chofer de un camión y este parqueó el carro en una pequeña callecita que muere en Calle Cien. Allí llegó también Noel, el responsable del área de acampada de Jardín de Aspiro, quien me había llamado entre semana y se había brindado con mucho gusto como anfitrión. Omar Luis, el físico que dirige un grupo con gente de bioquímica, que también había llegado al punto de partida, al no ver llegar a los suyos, dejó la mochila en el camión y fue a buscarlos.

Los que llegamos después, al no ver camión alguno sobre Cien, bajamos hasta ubicarnos debajo del puente. Al rato de esperar y viendo que éramos pocos, Héctor subió y pudo ver el camión, casi escondido en la callecita. Subí con él en lo que venía Liset a averiguar si había gente debajo del puente. Fui con Liset hasta el camión mientras los demás quedaban debajo del puente a esperar que el camión pasara por allí.

Al entrar en el camión, se desató un fuerte aguacero, que aumentó mis preocupaciones sobre la participación en la acampada. Sin embargo, a pocos kilómetros de distancia, justo en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, un camión cuadrado por Alejo y su hijo, llegaría más tarde para recoger a un nutrido grupo.

El Camión de Cien y Autopista se movió hasta debajo del puente, pero como Omar Luis no llegaba, le pedimos al chofer que esperara un poco. A las seis y veinte, sin más remedio, le dijimos al chofer que arrancara, llevándonos la mochila de Omar. Éramos treinta y cinco guerrilleros encima del camión, más algunos otros botelleros de los que habitualmente buscan la ruta a Pinar del Río desde aquel lugar. Por el camino nos llegaron algunas llamadas de la gente de Guanajay: Lorenzo y María Emilia, pero por el ruido dentro del camión, no pudimos comprender bien lo que decían.

Un poco después de nuestra partida, de Genética salía el otro camión con treinta y tres excursionistas, la mayoría pertenecientes a la Guerrilla del CIGB, más algunos malnombristas. Al pasar por el entronque con la Autopista de Novia del Mediodía, los de La Guerrilla recogieron a Pedrito, quien esperaba en el lugar.

El primer camión llegó al entronque de Taco-Taco antes de las ocho de la noche, cuando ya no lloviznaba. Nos bajamos junto al puente que hay en el lugar y caminamos por la carretera que lleva hasta el cercano poblado de Santa Cruz de los Pinos. Por el camino, nos alcanzó el camión de La Guerrilla y se detuvo para dejar subir algunas mochilas y también a Lian. Pedrito, por su parte, se bajó para sumarse a los caminantes.

Ya en Santa Cruz, dejé al grupo en el entronque de unas calles y salí a buscar la casa de Noel, un chofer de camión con quien había hablado por teléfono desde La Habana. Mientras buscaba la dirección, un grupito se llegó hasta la Carretera Central, que pasaba por el pueblo. Entre los que se quedaron en el entronque de calles estaba Alberta, y en un desliz, metió un pie en una fosa, con el consiguiente embarre y el posterior cuero de la gente.

En mi búsqueda, el primero al que le pregunté resultó ser hermano de Noel y me llevó hasta la casa del chofer. Buen alegrón, allí estaba María Emilia con sus pequeños Amelie y Abiel, más un primito de estos. Lorenzo, al tener clases de francés en la Alianza, vendría mañana.

Salió Noel de la casa, caminamos hasta donde tenía parqueado el camión y partimos a recoger a los demás. Montaron los primeros en el entronque, y al llegar a la Central, subieron los demás, pero esperamos un poco, porque el otro Noel, el del área de acampada, había ido a una panadería cercana. Por fin llegó Noel y partimos.

La carretera de siete kilómetros hasta Jardín de Aspiro tenía un estado aceptable, pero al acercarnos a nuestro destino, se convirtió en una terraplén demasiado irregular. A nuestra derecha, la visión de las lomas de la Sierra del Rosario nos acompañó en buena parte del trayecto.

Ambos camiones terminaron sus viajes a la entrada de un caserío, con una media hora de diferencia. Los dos grupos bajaron por un camino hasta el pequeño río que pasa por el lugar, y después de dar algunas vueltas en busca del sitio adecuado para cruzar la corriente, nos juntamos todos en el área de acampada alrededor de las ocho y media de la noche.

Una cerca con una puerta de madera marcaba la entrada al lugar. Le seguían un césped con una subidita en su final, una primera casa de mampostería a la izquierda, otro césped, que tenía a su derecha un ranchón con piso de placa y una cocina, y cerrando el área, se hallaba otra casa, esta de madera.

En poco tiempo el área de acampada se inundó de tiendas de campaña. Los de La Guerrilla del CIGB plantaron en el ranchón, al lado de este y detrás de la cocina. Los de la CUJAE, en los alrededores de la primera casa y los malnombristas por varios lugares, aunque con una agrupación bajo unas matas de coco que estaban un poco antes del ranchón. La gente comenzó a sacar la comida preparada que había llevado y se formaron grupitos para compartir el bocado.

Para repartir la carga de trabajo en la preparación de las comidas, organicé a la tropa en cuatro grupos. Un primer grupo, formado esencialmente por gente de la CUJAE, haría el desayuno del sábado. La Guerrilla del CIGB haría la merienda-almuerzo de ese día, mientras que a los malnombristas nos correspondería hacer los espaguetis de la noche. El desayuno del domingo les tocaría a Psicopiedra, que aún no habían llegado, y a Omar Luis y su gente; es decir, a los de la Universidad de La Habana.

Al poco rato llegó el físico Omar Luis con Loraine, Jessica y José Antonio, los tres de bioquímica, y una nueva muchacha estudiante del IFAL. Un tractor con carreta los había llevado desde Santa Cruz de los Pinos hasta Jardín de Aspiro. Plantaron campamento cerca de la primera casa.

Bajo una noche estrellada, entre dos tiendas de campaña de cuajeños comenzó una descarga a guitarra. Varios nos agrupamos en el lugar y coreamos canciones de Silvio, Serrat, Maná, Arjona, Pablo y otros autores. Omar Luis insistió en que cantáramos Idilio, hasta que lo logró. Noel se sumó a los que tocaron guitarra.

Sábado 9 de noviembre del 2013

Pasadas las doce de la noche, Omar Luis anunció el cumpleaños de José Antonio. De inmediato llené de agua mi pomo plástico de tapa negra y se lo eché por encima, sorprendiéndolo. Tras el incidente, continuó la descarga hasta casi las tres de la madrugada, hora en que el sueño dio cuenta de los últimos.

Aunque anuncié muchas veces que daría el de pie a las cinco de la mañana, era solo un chiste. La gente se fue despertando sobre las siete, cuando la claridad ya había inundado el campamento.

El domingo se realizaría la asamblea de balance del Partido en mi trabajo y yo debía que estar allá a eso de las siete y media. Para poder participar en la acampada, pedí un carro para que me recogiera y cuadré una cabaña en la base de campismo para el chofer. Por eso, al levantarme temprano, fui a conocer la ruta que unía el área de acampada con la base de campismo, pues debía recorrerla en la madrugada del domingo. Salí por la puerta del área, crucé el río por el borde de una poceta que había al frente y, tras recorrer parte de la zona y preguntarle a un lugareño, hallé el camino por el costado derecho de una casa que tenía una piscina vacía en su patio.

Unos cuatrocientos metros tenía de largo aquel camino, hasta llegar a la base de campismo. Ya en ella, recordé mi anterior presencia en el lugar en el año mil novecientos noventa y uno, cuando en ocasión del décimo aniversario del Campismo Popular, veintiséis malnombristas llegamos hasta allí y trece de ellos lo hicimos en bicicleta durante una madrugada, tras partir del puente de la CUJAE.

Regresé al área de acampada cuando ya los telecomunicadores comandados por Liset preparaban el desayuno a base de galletas con dulce de guayaba, panes con mayonesa o pasta y refresco. Mientras esto sucedía, Héctor, Alfredo, un muchacho de Varadero y otros más, prepararon el área para realizar el queme de la soga. Para ello, clavaron ocho palos en la tierra y amarraron entre ellos una soga, a una altura promedio de un metro.

Se formó el tiroteo, y al concluir, llamamos a un encuentro previsto para presentarnos todos.

Nos sentamos en el césped, junto a las tiendas de campaña. Hice una introducción sobre el Movimiento, de los primeros encuentros, los grupos que se han formado y de inmediato le di la palabra a Alejo para que hablara a nombre de su grupo, La Guerrilla del CIGB.

Alejo habló de las actividades que han realizado, sobre todo las caravanas ciclísticas por el sur de Granma y Santiago, por Guantánamo, por Ciego de Ávila y las veces que se han sumado en la caravana a Girón. Mientras Alejo hablaba, llegaron los Psicopiedra y se les dio la bienvenida. Eran ocho; Sandra se sumó al encuentro mientras los demás comenzaban a armar las tiendas de campaña delante de la primera casa.

Luego Liset habló de su grupo de Telecomunicaciones, de la primea guerrilla al Escambray, del reto de subir el Pico Potrerillo, del primer intento -infructuoso a causa de la lluvia- de pasar el Cañón del Santa Cruz, y del segundo y logrado intento, que culminó con una larga espera de noche en la Autopista.

Janett habló de su grupo de industriales y telecomunicadores, de la guerrilla al Cañón y de la segunda excursión al Taburete. Omar Luis anunció el nombre de su grupo: Smile, y explicó de manera que nadie entendió, qué significa cada elemento de su estrenado logotipo. Sandra le siguió, hablando del Cañón ¡y vaya con el Cañón!; ¡pobre Tomás, el guajiro que vive a su entrada! También comentó Sandra de la guerrilla que hicieron a Canasí.

Finalmente le di la palabra a Carmenchú, de la facultad de Eléctrica de la CUJAE, quien llegaba a la acampada con otros seis muchachos, y la incité a crear su propio grupo.

Fin del encuentro, preparación de las competencias. Pero antes hubo cierta demora, pues los de Psicopiedra aún se “batían” armando una grande y complicada tienda de campaña. Al haber algunos grupos pequeños, decidimos juntarlos. Finalmente quedaron cuatro equipos: CUJAE, Universidad de la Habana, La Guerrilla y Mal Nombre. La CUJAE y la UH aunaban a varios grupos. La CUJAE estaba conformada por el grupo comandando por Liset, la gente de Janett, los otros siete comandados por Camenchú y los seis que plantaron delante de la primera casa; Liset estaba al frente del equipo. Los de la UH, por los Psicopiedras y los Smile; Sandra y Omar Luis dirigían el piquete.

La primera competencia sería la tracción de la soga: tres mujeres y tres hombres halando por cada bando; de tres intentos, a ganar dos. Al lado del césped, en un terreno algo irregular -lo cual permitiría un mejor agarre de los zapatos-, se preparó el terreno. Se amarraron al centro de la soga unos ajustadores de Liz junto a una ramita. A su vez, se clavaron en el terreno tres palos, uno en el centro y los otros dos a una misma distancia, uno a la derecha y el otro la izquierda, para marcar el punto hasta el que había que halar al equipo contrario para ganar. Janett, con una rodilla fastidiada, no competería, por lo que trabajaría en la organización de las competencias. Carlos, de La Guerrilla, preparó cuatro papelitos con los nombres de cada equipo, resumidos en CUJAE, La Guerrilla, UH Y MN. Janett cogió los papelitos y la niña malnombrista Amelie escogió dos, resultando La Guerrilla y la UH los primeros en competir.

Comenzó la competencia y rápidamente La Guerrilla ganó los dos primeros intentos. Luego se situaron frente a frente la CUJAE y Mal Nombre. Esta vez fueron los malnombristas los que ganaron los dos primeros intentos, pero tras hacer un gran esfuerzo, pues los cujaeños se pararon bonito. El público jugó su papel, pues la gritería respaldando a cada equipo era de respeto.

Discutir de inmediato los puestos tercero y primero sería un abuso para los últimos que habían competido, por lo que se decidió hacer antes la carrera con sacos. Bajamos al césped situado a la entrada del área, que era más espacioso que el de arriba. Marcamos el terreno con unas piedras; en la arrancada se ubicaron tres mujeres por cada bando y en el otro extremo tres hombres por quipo. El público, a los lados, a la expectativa. A los de la UH les costó trabajo armar su equipo, pues eran pocos, y además, los Psicopiedras aún no habían terminado de organizar su acampada.

Janett dio la arrancada, y en el apurillo, una muchacha de La Guerrilla fue al suelo, perdiendo terreno. Pronto los de la CUJAE tomaron la punta. En el tercer cambio de Mal Nombre, otra muchacha cayó. La algarabía a los lados era tremenda. Al último cambio llegaron los cujaeños con amplia ventaja. Detrás entró La Guerrilla, luego Mal Nombre y finalmente la UH.

Tras reunirnos Janett y yo con los organizadores de los grupos, decidimos concluir ahora la tracción de la soga y dejar para el final el queme de la soga. Por la CUJAE pidieron hacer un cambio de competidor, pero Alejo se negó. El Rafa, quien representaba a los malnombristas, defendió también lo del cambio, pero finalmente se determinó que había que competir con los mismos que al inicio.

En ese momento llegaron a la acampada, procedentes de La Habana, cuatro excursionistas: Glayds y Yudimí, de Mal Nombre, y Liz y Ernesto, de la CUJAE.

La lucha por el tercer lugar se entabló entre la CUJAE y la UH. Esta vez los de la UH dieron resistencia, pero estaban agotados, pues fueron casi los mismos que corrieron en sacos, mientras los demás grupos no repitieron a los participantes en los dos eventos. La CUJAE se llevó el tercero en los dos primeros eventos. Todo quedaba listo para el final de la tracción. Alejo, quien no paraba de discutir y agitar a su equipo, se ubicó del lado donde estarían los malnombristas, por lo que Héctor y Alfredo casi lo cargaron para sacarlo de allí.

Comenzó la lucha. En más de una ocasión la marca central de la soga se movió a un lado y a otro. Finalmente La Guerrilla ganó el primer intento. En el segundo, en un momento parecía que Mal Nombre emparejaba las acciones, pero La Guerrilla sacó el extra y también se lo llevó.

Quedaba entonces el cierre con el queme de la soga. Con los mismos papelitos iniciales, el niño malnombrista Lian fue sacando uno por uno para que cada equipo escogiera su tramo para el queme. Escogió primero La Guerrilla, luego la UH, después la CUJAE y finalmente Mal Nombre.

Antes de empezar las competencias, varios excursionistas habían escondido palos, pencas y hojas secas en los alrededores o en tiendas de campaña, destacándose en esa labor de zapa la CUJAE. Por eso, antes de comenzar el queme, dije que todo había que buscarlo de la casa para la entrada del área, evitando así que cogieran todo lo que tenían “clavado”.

A la voz de arrancada, se formó el corre, corre. Los de la UH ya no daban más y habían priorizado su inacabable acampada. Solo Omar Luis y Sandra hicieron un esfuerzo inicial, pero al final desistieron, pues así no iban a poder lidiar con los demás grupos.

Pronto los de La Guerrilla unieron varias pencas y levantaron la candela. Los malnombristas, algo demorados en comenzar, también juntaron varias pencas. Los de la CUJAE, guiados por un antiguo pionero explorador, hicieron una armazón de palos, colocaron la mitad de un coco seco encima y lo llenaron de paja, quedando la paja a pocos centímetros de la soga. Les formé una bronca, porque aquello era “meter con la cara”.

Cuando La Guerrilla estaba a punto de quemar primero, con la soguita ya negrita, Carlos, sin querer, le dio a la soga con un palo y la partió. Un cujaeño y yo vimos la acción. El cujaeño armó una bronca al momento, pidiendo la descalificación del equipo. Yo atrás fui con la misma cuerda. Por supuesto que los de La Guerrilla, con Alejo a la cabeza, armaron su escándalo, pero el hecho había sido evidente. Al poco rato quemó Mal Nombre y después la CUJAE. Finalmente la cosa quedó: Mal Nombre primero, la CUJAE, segundo, La Guerrilla tercero tras la descalificación, y la UH cuarto por no presentación.

La tabla final de posiciones de los equipos trajo algo inesperado. Luego de concluir las tres competencias, tres equipos quedaron empatados en primer lugar, al lograr cada uno por eventos un primer puesto, un segundo y un tercero. Ellos fueron: La Guerrilla, la CUJAE y Mal Nombre. Así terminaron las competencias de la primera acampada del Movimiento Cubano de excursionismo. Antes de que todos se dispersaran, anuncié la una y media de la tarde como la hora para partir a hacer la excursión de la acampada.

Después de sudar y gritar bastante, la gente le cayó en masa a la poceta que estaba frente a la entrada del área de acampada. Mientras tanto, La Guerrilla se encargaba de preparar un nuevo tiroteo, que no sabíamos bien si era merienda o almuerzo, aunque lo de almuerzo fuera solo por el horario, pues ya rondaba el mediodía. Los del CIGB prepararon el bocado en el portal de la casa del final, conformado por galletas con dulce de guayaba, panes, un trozo de maní y refresco. Algunos le cayeron a la merienda de inmediato, pero otros tardaron bastante, provocando que Alejandro, el hijo mayor de Alejo, se quedara un buen rato de custodio de las meriendas que aún no habían sido cogidas.

La tropa descansó, conversó y hasta hubo quien echó su sueñecito.

Conversando entre las tiendas de campaña, tras el buen baño en la poceta.

Conversando entre las tiendas de campaña, tras el buen baño en la poceta.

Los eléctricos y otros cujañeos, posando para una foto.

Los eléctricos y otros cujañeos, posando para una foto.

A la una y media llamé a la gente para la excursión. Tras remolonearse algo, poco antes de las dos de la tarde cruzamos una talanquera que hay a un costado del ranchón y arrancamos por un camino que la emprendía loma arriba bajo una elevada vegetación. Contando a Noel, que por supuesto iba de guía, éramos setenta. Además nos acompañaban una perrita negra y otro perro blanco y negro, ambos fieles a Noel.

Luego de avanzar unos cientos de metros, llegamos a la entrada de la cueva Serrano. Con algunas luces, penetramos en el oscuro recinto. Unos trescientos cincuenta metros de extensión tenía la espelunca, según nos comentó Noel. Avanzar por dentro era fácil, pues el suelo era llano y el techo tenía buena altura. La visita fue una verdadera clase de espeleología impartida por Noel.

Noel explicando dentro de la cueva Serrano.

Noel explicando dentro de la cueva Serrano.

En un primer alto, preguntamos por la histoplasmosis, pues en una reciente incursión en la cueva de La Pluma, un buen número contrajo la enfermedad. Noel nos dijo que el guano de murciélago es el hábitat predilecto del hongo histoplasma capsular, aunque no el único, que es una enfermedad inmunológica, que debe existir circulación de aire para que se expandan las esporas, las cuales pueden alcanzar un metro y cuatro centímetros de altura al flotar, y que en la cueva Serrano no se contrae la enfermedad. También el tema de los asentamientos aborígenes ocupó parte de la explicación. Noel explicó que la clasificación en diferentes estadíos, por ejemplo la de agroalfareros, es una forma empleada para comprender mejor la evolución, pero los límites entre ellos no están bien definidos, pues los tránsitos ocurrieron en siglos. La cueva Serrano tuvo también presencia de negros esclavos, pero no de cimarrones, pues por el lugar en que se halla la cueva, sería fácil encontrarlos.

Noel también nos habló de la formación de la cueva Serrano; cómo al filtrarse el agua a través de la tierra, va disolviendo el carbonato de calcio de las rocas del interior, de modo que se van formando las cavidades primarias. También nos habló de las formaciones secundarias como las estalagmitas, las estalactitas y los gours. Encima de nosotros, unos grises murciélagos escuchaban también la explicación, colgados del techo.

Seguimos avanzando y pasamos varias galerías agachados. En una pared, Noel nos mostró las elictitas, que son formaciones secundarias, que parecen contradecir la fuerza de gravedad, pues tienen un discreto crecimiento en diversas direcciones, sin tener en cuenta la vertical. Finalmente retomamos la galería central y regresamos a la boca de la cueva.

Nos fuimos agrupando en el entronque previo a la entrada de la cueva. Continuamos la subida de la loma, yendo Lian a la delantera, con sus nueve años. Dany de Psicopiedra, y yo, le seguíamos.

Luego de un largo y empinado ascenso, en el que la tropa se estiró, hicimos un alto en un llanito bajo la vegetación, donde pastaba una vaca. Desde allí, entre la flora, podíamos ver el campamento debajo, con su colorido de tiendas de campaña, y una presa al suroeste. Luego de reagruparnos, continuamos la subida.

Más arriba, la vegetación arbórea fue desapareciendo y los arbustos y yerbajos ocuparon su lugar. Por fin llegamos al tope de la altura del camino, muy cercano a la cima de la loma por la que el camino no pasaba. Una bella vista de la ladera continua y del hundimiento entre ambas cordilleras, se nos regaló hacia el norte. Al noreste vimos otra cordillera, con la que entroncaba la que teníamos al frente; entre estas dos pasaba sin dudas un río, al que iríamos a buscar. Lo inclinado de las laderas de ambas cordilleras y la fuerza de su verdor, indicaban lo difícil de penetrar en ellas.

En lo más alto del camino, mirando a la ladera del frente.

En lo más alto del camino, mirando a la ladera del frente.

Llegó Noel al final, pasó a la delantera y continuamos, ahora loma abajo. Anuncié guao, pues una mata se nos encimaba por la izquierda del camino; fue la única que vi en todo el recorrido. Pronto, en la bajada, llegamos a un valle interior entre las dos laderas. El camino se cerró y Noel tuvo que hacer uso del machete. Por aquel camino estrecho y enredado, el largo de la tropa de setenta integrantes alcanzaba unas decenas de metros. Rápidamente comenzamos a sentir una picazón por todas las partes de nuestros cuerpos expuestas a la intemperie. Lian se desesperó un poquito, pues con su ligera ropa estaba más expuesto; pero pronto se le pasó.

De andar por el estrecho valle, comenzamos a descender por un pequeño cañón, pero en un punto, Noel dejó el cañón y comenzamos a ascender por la ladera de la izquierda. Al preguntarle por qué, me dijo que para cortar camino, pues para llegar al río a través del cañón había que avanzar bastante. Por supuesto que el camino se acabó y comenzamos a subir entre el puro monte. La “cosa” se ponía “buena”.

Al rato de andar subiendo bajo una elevada vegetación, llegamos al borde de un “señor” barranco. Le dije a la tropa que se quedara a la espera en el lugar donde estaba y Noel y yo avanzamos un poco, bordeando el barranco por la derecha. Preocupado por la hora y el intrincado lugar en el que estábamos, le pregunté si daría tiempo a regresar al área de acampada antes de que oscureciera. Me dijo que sí.

Se asomó Noel al barranco, me dio su machete y me dijo que pasara por detrás de un tronco de yaya, una cuerda que llevaba. Lo hice y él comenzó a descender con ayuda de la cuerda. Se le veía maestría en lo que hacía, a pesar de ya no ser un joven. Evidentemente, su experiencia espeleológica era respetable.

Al no hallar un lugar aceptable para que la tropa bajara, Noel me dijo que yo avanzara por encima bordeando el farallón, mientras él lo hacía por debajo. Eso hice, pero ya el Rafa y otros se habían adelantado, coincidiendo con Noel en el mejor lugar para bajar a la gente. El Rafa bajó un poco, agarró una cuerda que le extendió Noel y me alcanzó una punta. Yo la amarré a un tronco al inicio del descenso y me quedé allí para ayudar a bajar. Llamé a los hombres para completar la cadena. Uno de ellos agarró a un majá de Santamaría por la cola, mientras la cabeza la tenía el reptil metida en un hueco. Finalmente logró sacar al animal.

Comenzó entonces el descenso de la tropa. Cada uno llegaba hasta donde yo estaba, agarraba la cuerda y bajaba hasta donde estaba el Rafa. Después continuaba pendiente abajo sosteniendo la soga, hasta que Noel al final lo esperaba. Luego de bajar los primeros, Alejo se sumó adonde me hallaba, y entonces descendí un poco para ayudar en medio de la bajada.

En lo más alto del camino, mirando a la ladera del frente.

En lo más alto del camino, mirando a la ladera del frente.

Los iba contando al bajar, pues setenta gentes en esa operación no es cosa de juego. En un momento en que, preocupado por la cercanía del oscurecer, quise ver la hora, noté que me faltaba el reloj. Regué la voz entre los que aún no habían bajado, pero nadie lo había visto. Tenía un problema en la manilla y el monte, aprovechando el fallo, me lo arrebató.

La bajada de Carlitos fue agarrado al cuello de su padre. Carlos le insistía en que se agarrara fuerte, porque a veces se zafaba un poco. Cuando Noel lo recibió abajo, la tensión bajó. Algunos descendían con soltura, pero otros se veían menos diestros o más temerosos. Realmente, el descenso en aquellas circunstancias era un estreno en esas lides para muchos de la tropa. Lian y Alejandrito, diestros ya en estos trances, bajaron sin problemas. El hijo menor de Alejandro bajó junto a su padre, quien puso mucho cuidado en cada paso del niño.

Una imagen del descenso.

Una imagen del descenso.

Alejo y yo pusimos interés en bajar a los dos perros. Pero realmente a estos no les hizo falta ayuda, pues, aunque un poco temerosos, llegaron hasta abajo sin problemas.

En lo que la tropa bajaba, de vez en cuando, alguna piedra rodaba pendiente abajo, desprendida por la acción de algún pie entretenido. Insistí en que se separaran del borde, para evitarlo, pero aún así, con frecuencia se soltaba alguna piedra. En un momento, se desprendió una andanada y varios gritamos hacia abajo para alertar. Noel pudo esquivarlas salvo una, que rebotó contra una gran piedra y le dio en la cara, provocándole una herida en el labio inferior y una hinchazón en plena cara.

Tras recibir el impacto, Noel gritó que pararan el descenso, pero le dije que ya quedaban muy pocos. Entonces él se separó del lugar del accidente, y la bajada continuó. Héctor quiso quedarse para el final, pero le metí una bronca para que acabara de bajar. El descenso de una muchacha del IFAL y de Jessica de bioquímica, fue algo complicado, porque no querían quedarse solo a expensas de sus brazos. El Rafa casi las llevó hasta abajo.

Cuando solo quedábamos Alejo y yo, este zafó la soga y descendió el primer tramo sin su ayuda. Luego la usó doble, pero sin amarre. Yo me deslicé por dos troncos hasta llegar abajo.

Tras bajar el farallón, quedaba otro tramo de un ligero descenso entre el monte, hasta salir finalmente al río, que tendría unos cinco o seis metros de ancho, por un lugar donde el agua se veía algo verdosa en la superficie. Avanzamos un poco por la orilla, hacia la derecha, hasta que llegamos a un sitio donde el río caía desde un borde construido de concreto hasta una poceta. Desde nuestra orilla se podía uno lanzar al agua parado sobre una placa. Parte de la otra orilla estaba ocupada por una pendiente inclinada, también de concreto. En los alrededores, como es habitual en muchos ríos cubanos, la pomarrosa se deleitaba en crecer a su gusto.

No es difícil imaginar lo que ocurrió al llegar aquella tropa sucia, apestosa y con picazón a tan espléndida poceta. El asalto al agua fue inmediato. Nos tirábamos de cabeza, de pie y hasta alguno que otro de barriga. Héctor, recordando el Jaguaní y el Sándwich de La Pluma, estrenó con otros en un trencito, el descenso en yaguas por la pendiente inclinada de la otra orilla. Los trencitos se multiplicaron de inmediato.

El rico baño en la poceta, tras el descenso con la soga

Así estuvimos un buen rato, hasta que, ante la cercanía del oscurecer, le dije a la gente que ya había que salir para regresar al campamento. Pero a mi primer llamado, la gente se mostró “sorda”. Al rato y tras insistir, fue que comenzaron a salir.

Finalmente hicimos el regreso por un terraplén que avanzaba por la otra orilla en descenso. Poco más de un kilómetro caminamos hasta salir entre las lomas, cruzar el río que pasa por delante del campamento y llegar finalmente a nuestro lugar de acampada, cuando las sombras de la noche comenzaban a aparecer. Algunos se dieron un último baño en la poceta ubicada a la entrada del área y en otra poceta cercana.

Al llegar al campamento, notamos que en varios lugares habían colgado unas hojas plasticadas con el logotipo del Movimiento Cubano de Excursionismo. Aquello era obra de Eduardo, el malnombrista, a quien le había hecho el encargo días ante de la acampada. Él había llegado con Coquito y Ofrén David, sus dos hijos. También se había sumado a la acampada Lorenzo, un veterano malnombrista. Por su parte, Gisselle, cujaeña y malnombrista, y otro estudiante de la CUJAE, habían partido para La Habana poco después de que iniciáramos la excursión, pues ella tenía que estudiar para una prueba.

Los de Mal Nombre nos pusimos de inmediato a trabajar en la “cocinadera” de los espaguetis previstos para la comida. La cocina tenía buenas condiciones, con un local techado con fregadero y meseta de azulejos, y una cocina para leña o carbón, afuera pero con techo. Lo mejor de todo era un gran bullón, que nos permitiría cocinar los espaguetis en una sola tanda. Mi caldero, conocido por varios grupos del Movimiento y grande en otras ocasiones, ahora se convertía en un caldero chiquito para preparar los perros calientes en salsa. Otros dos calderos hallados en el lugar se prestaron también para la salsa con perros.

Buscamos de improviso leña por los alrededores y así garantizamos la candela durante un tiempo Pero como la leña iba a expirar, Eduardo me sugirió que le pidiera a Noel un tronco con comején que había al lado del ranchón. Este me lo dio y así completamos la cocina de los espaguetis. Las muchachas ya habían picado los perros calientes y llenaron con ellos un gran nylon, además de preparar las sazones y el refresco.

Poco después de las ocho de la noche se formó el tiroteo. Gladys repartió el refresco y yo los espaguetis y los perros en salsa. La operación duró más de media hora, pues repartir ochenta y ocho raciones no es cosa de juego. Hubo doble de todo, y hasta triple de perros en salsa, además de que sobró un poco de espaguetis.

Al terminarse la repartición de la comida, Janett me recordó la idea inicial de hacer una fogata, pero varios factores me hicieron desistir de la idea. Por una parte, el área donde nos hallábamos estaba bastante ocupada por las tiendas de campaña y también demasiado iluminada, por lo que debíamos desplazarnos del lugar. Por ello, para hacer la fogata en el área de campada, debíamos buscar un lugar en la zona más baja, pero ello implicaría dañar el césped. Por otro lado, el cansancio de la excursión había hecho mella en la gente, y a una buena parte de la tropa, el sueño la tenía a punto de mate. A todo ello se le sumaba el hecho de no tener leña a mano a esa hora. La poca leña que recogimos a nuestra llegada tardía al campamento, la habíamos consumido en la cocina.

El movimiento en el campamento se fue aplacando poco a poco. Solo algunos se mostraron dispuestos a continuar de parranda, pues improvisaron una descarga a guitarra. La noche, como la de ayer, se mostró hermosamente estrellada.

Domingo 10 de noviembre

Ya de madrugada, los de la descarga seguían cantando, por lo que Alberta, algo molesta, los llamó al silencio.

A las cuatro y doce minutos me desperté, antes de que sonara el celular que me dio Liz para despertarme. Antes de recoger mis cosas, tuve que hacer la “gracia” en un monte cercano. Luego recogí, dejé el celular en la cabaña de Liset y partí.

Busqué un puente conformado por un poste para la electricidad, crucé el río, cogí por la izquierda de la casa con piscina y seguí el camino hasta llegar a la base de campismo. Allí estaba parqueado el carro de mi trabajo, pero el chofer no se veía. Preguntando en una cabaña donde a esa hora había algarabía, pude dar con la cabaña del chofer, quien junto a su novia, ya se alistaba. Salieron los dos y nos montamos en el carro, pero al llegar a la puerta de entrada de la base, esta tenía puesto un candado. Viramos, pitó el carro, apareció el custodio y al poco rato estábamos cogiendo carretera junto a La Habana, para llegar a tiempo a la reunión en mi trabajo.

En el área de acampada, después de amanecer, la gente se despertó sin apuro. Sandra pronto se dispuso a preparar el desayuno, mientras Liset, Janett, Miguel Ángel y otra muchacha de Industrial, la ayudaron, hasta que los Psicopiedras y los Smile se sumaron a la preparación. A la galleta con guayaba y el pan, se le sumó un pedacito de maní, picado milagrosamente para que alcanzara para todos.

Se formó el tiroteo y después se comenzó a levantar la acampada. Como quedaba tiempo para las diez, hora pactada para que llegaran los camiones, Liz, Ernesto, Mayrelis y su novio se fueron a bañar en la poceta que inundamos ayer, tras bajar del farallón. En ese ínterin, varios se montaron en un caballo que Noel puso a disposición de la tropa.

También a la espera estaba un grupo de malnombristas y cujaeños, contemplando a un enorme perro, cuando a unos metros, junto al ranchón, vieron a dos piececitos de niño moviéndose agitadamente en el aire. Era Samuel, que con su año y dos meses de edad, se había caído y encajado de cabeza sobre un montón de pencas de palma y solo se le veían los pies. Se formó el corre, corre para “rescatar” al niño, pero el incidente no tuvo mayor consecuencia que un breve llantico de Samuel, el nerviosismo de Yanieyis -la madre- y la risa posterior del resto, incluyendo a Raine -el padre-.

Samuelito a la vista.

Samuelito a la vista.

Poco antes de las diez, los que se irían en el camión cuadrado por La Guerrilla, partieron junto a otros que se les sumaron. Los dos camiones llegaron a las cercanías del área de acampada antes de la hora pactada, y Liset le echó un timbrazo por celular a Liz para que se apuraran. Vino entonces el agradecimiento y la despedida dada a Noel, nuestro especial anfitrión. Se aprovechó el momento para dejarle las provisiones que no se utilizaron.

Partió el primer camión directo para La Habana y al poco rato arrancó el segundo, con el otro Noel al mando. El viaje del primer camión transcurrió sin contratiempos hasta el CIGB, mientras que el segundo llevó a la gente directo hasta la Autopista. Al poco rato de espera, se apareció un camión con el destino puesto en La Habana. Se fue la gente, menos los de Smile, Alberta y el muchacho que fue con ella, a pesar de que no era mucha la apretazón. Ellos partieron un poco después para arribar a La Habana alrededor del mediodía.

Esperando la salida del camión del otro Noel.

Esperando la salida del camión del otro Noel.

Concluía así la primera acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo. Terminaba un fin de semana de hacer nuevas amistades, de compartir en grupos, de competir por un nombre, de conocer una cueva y de probar la guerrilla en una interesante y adrenalínica excursión. Creció el Movimiento, crecimos como guerrilleros y Jardín de Aspiro mostró sus encantos, y también sus retos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s