Pan de Guajaibón: Crónica de un ascenso por los 5

Grupo Tecnologías y Sistemas con el Movimiento Juvenil Martiano

El 12 de septiembre de 1998 eran capturados en sus casas 5 jóvenes cubanos que su actitud los hizo héroes. Su lucha era justamente para que las generaciones, como los que escalaron 5 picos en 5 provincias del país en el año 16 de su injusta prisión, gozaran de la Cuba de hoy, por ellos jóvenes alegres y profundos escalan montañas para exigir su regreso a la Patria. Las montañas escaladas en la fecha fueron: Pico Turquino, Caracas, Cristal, Cerro Tuabaquey y Pan de Guajaibón. Todas estas montañas son símbolos naturales de la rebeldía de nuestro pueblo, desde la más alta de Cuba, hasta la de Camagüey donde cuenta la leyenda que la Princesa Tínima fue degollada por no aceptar doblegarse ante el colonizador español y su sangre tiñó la tierra de rojo y así quedó hasta hoy, indoblegable y rebelde.
“Durmiendo” en las oficinas nos sorprendió el esperado de pié a las 03:30 horas del día 12 de septiembre 2014, en media hora ya estábamos en camino a la sede del Comité Nacional de la UJC. Nos esperaban integrantes del Consejo Nacional del Movimiento Juvenil Martiano encabezados por Yosuán, el director del museo Fragua Martiana. La partida definitiva hacia el Pan de Guajaibón sucedió a las 05:00. Por el camino se sumaron a la tropa miembros de grupo espeleológico Orígenes, perteneciente a la Sociedad Espeleológica de Cuba.
Por carretera de montaña llegamos a la comunidad de San Juan de Sagua, límite de las posibilidades de un viaje en la cómoda Coaster que camina por la mano casi mágica de Papo su chofer e “inventor”. La primera visita que realizamos fue a la escuela Rural Felipe Poey, que por suerte se encontraba en su horario de recreo. La escuela, con una matrícula de 27 estudiantes organizados en aulas mixtas, algo novedoso para la mayoría, da la posibilidad de que una niña de cuarto grado tenga la capacidad de componerle poesías a sus héroes, no “Super Man”, creado para no ser igualado e inexistente en la realidad, sino nuestros 5 hermanos, frutos palpables de esa misma educación que a ella es dada como un derecho y perfectamente imitables en sus hazañas por cualquier cubano digno.

Escuela rural Felipe Poey

Escuela rural Felipe Poey


Nos esperaban varias familias campesinas con muestras de cordial bienvenida. Flora, de caminar ágil y mirada maternal, nos recibió en su casa con café, naranjas y el humo de la leña de su fogón, diseminados por el suelo. Disfrutamos de la nobleza del campesino cubano, la misma que recibieron los rebeldes que hicieron la Revolución.
Acudió el secretario del PCC, de la Policía de La Palma y el Político del municipio, todas unas prestigiosas figuras en la zona y dueños del respeto y la confianza de los guajiros de los alrededores. Luego, casi a la partida, aparecieron tres Guardabosques en sus caballos; uno de ellos sacó una décima sobre nuestra futura escalada. Partimos sin mochila gracias a que Alexander Martínez, el esposo de Flora había preparado su yunta de bueyes con una carreta prestada donde viajaba nuestro pesado equipaje.
A un costado del camino accedimos al monumento a los Mártires de Guajaibón, desconocido por los allí presentes. En ese lugar fueron asesinados y enterrados el 28 de diciembre de 1958 cuatro jóvenes pertenecientes a la Agrupación Católica Universitaria y un Capitán del Ejército Rebelde, quienes fueron sorprendidos por esbirros de Batista en labores de apoyo a los alzados del 26 de julio que operaban en la zona. Luego de rendirles tributo, continuamos el sendero.
La caminata fue de 7 kilómetros por llano hasta la base norte del imponente “Pan de Guajaibón”, la mayor elevación de Occidente, con paredones casi verticales y perforados por varias cuevas. En el lugar nos impresionó a todos la casa de Fermín; en un típico bohío cubano se encontraba la bandera del 26 de Julio hecha con retazos y en unas paredes de mampostería cercanas al hogar un “Viva el 26 de Julio” del tamaño de la bondad de estas personas, capaces de brindar todo lo que tienen a unos perfectos desconocidos como nosotros.
Caminando rumbo al Pan de Guajaibón.
Luego de merendar, comenzamos el esperado ascenso. Durante el trayecto observamos aflorar valores como la solidaridad en el intercambio de mochilas, pomos de agua y hasta remolques humanos; todos se esforzaban por ayudar a su compañero. El celo por parte de los espeleólogos en la protección del entorno fueron otras de las experiencias admiradas, junto a su conocimiento de las especies de la flora y la fauna del lugar. A la mitad del ascenso comenzó a llover, refrescando del calor existente, mojándose nuestras ropas, que eran las mismas con las que dormiríamos esa noche.
Llovía con fuertes descargas eléctricas cuando a las 17:00 horas alcanzamos la esperada cumbre. Nos recibió la imagen del Titán de Bronce que corona con hidalguía la mayor elevación de Occidente. Descrita por Cirilo Villaverde, escalada por el joven Fidel Castro cuando era alumno del colegio de los Jesuitas, ha sido testigo de las luchas de los cubanos en esta región del país. Resguardados en una construcción abandonada, esperamos. Al disiparse la lluvia, todos salimos a cumplir nuestro objetivo.
Un sencillo acto concebido de forma operativa en el lugar fue el clímax de la jornada, que sirvió para demostrar la disposición de los jóvenes cubanos de luchar por la justicia en el caso de los 5, las causas justas en cualquier lugar del mundo, la protección de nuestra memoria histórica y la dignidad de los pueblos.
Breve acto en la cima del Pan de Guajaibón.

Breve acto en la cima del Pan de Guajaibón.


Junto al busto de Maceo, en la cima del Pan de GUajaibón.

Junto al busto de Maceo, en la cima del Pan de GUajaibón.


Siguieron debates informales de diversos tipos, desde la pelota hasta el papel de la juventud en el futuro del proceso revolucionario, anécdotas sobre Martí, el Che y visiones de acontecimientos históricos, diferencias de criterios y percepciones de los fenómenos actuales, pero siempre con un punto de encuentro: el futuro es nuestra responsabilidad. Luego cayó la noche, pocos durmieron, no por ausencia de agotamiento sino por exceso de frío, a las 06:00 horas del día 13 ya todos estaban de pie; debe haber sido un amanecer tan esperado como el anterior. Luego de terminar las labores de reparación del busto, comenzamos un descenso de 4 horas.

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