Cuarta acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo, en los Baños del río Bayate

Por Sandelis

Acordamos realizar la cuarta acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo en los Baños del río Bayate, en plena Sierra del Rosario, a unos cinco kilómetros de la comunidad Las Terrazas. Para ello hice una exploración previa al lugar un mes antes, pues no lo conocía. Unas ruinas cercanas de unos cafetales franceses, se le sumaban como atractivos a las buenas condiciones del lugar para una acampada, al río y a la relativa cercanía del salto de San Claudio. Un camión particular gestionado para llevarnos hasta el lugar y luego recogernos allí mismo, facilitaría las cosas.

En una reunión previa acordamos hacer al inicio de la acampada un trabajo voluntario de recogida de basura, pues en mi visita previa noté la cantidad de nylon, pomos plásticos y otros deshechos que había la zona.

Luego de unas semanas con un clima típicamente veraniego, la entrada de un frente frío la madrugada previa a la partida, nos puso en tensión a los organizadores. Pero ya la suerte estaba echada.

Sábado 28 de marzo del 2015

A las seis y media de la mañana, aún de noche, ya había un grupito reunido en la salida de la Autopista Habana-Pinar. El camión también estaba a la espera, aunque la hora acordada para la partida era las siete de la mañana. Continuaron sumándose excursionistas de varias procedencias y pasadas la siete nos montamos en el camión. Todavía esperamos unos minutos más, pues algunas llamadas de celulares nos hablaban de gente que estaba en camino.

Poco después de las siete y media partió el camión, pero a menos de un kilómetro de la partida hizo el primer alto para recoger a un grupito de la CUJAE, en el puente cercano a la ciudad universitaria. Otro alto en el puente a Novia del Mediodía permitió recoger a uno de Mal Nombre, y luego en el puente Guanajay-Mariel, se sumaron otros cinco malnombristas, para llegar a una cifra de 77 excursionistas. Con los de Guanajay, subía también al camión Lía, la noble y gran perra de Lorenzo. Ernesto, del Centro de Inmunología Molecular, sería el número 78 y final, pues llegó demasiado tarde a la salida y se tuvo que ir por sus medios.

El viaje por la Autopista se fue tranquilo, reencontrándose algunos y conociéndose otros. Aproveché un momento para hacer una breve presentación de los grupos participantes. De Biología primer año había seis excursionistas, de Matemática-Computación también primer año eran 12, de la CUJAE con un núcleo en Eléctrica y algunos invitados eran 17, y de Mal Nombre, 36. También tenían representación el Centro de Inmunología Molecular y La Guerrilla del CIGB. Conformaban el grupazo 8 niños, todos de Mal Nombre; cuatro de ellos eran niñas. El más pequeño era Samuel, con solo dos años.

Antes de las nueve de la mañana, doblamos en el entronque a Las Terrazas y nos detuvimos en la barrera de entrada a la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario. Allí llamaron al puesto de Guardabosques, confirmaron la coordinación que habíamos hecho antes con ellos y nos dirigimos a su encuentro. Antes de la entrada a Las Terrazas, doblamos a la derecha y llegamos al puesto de Guardabosques, donde un oficial nos esperaba. El hombre estaba al tanto de la acampada y le insistí en que se llevaran la basura que recogeríamos a nuestra llegada a los Baños del Bayate.

Carretera de entrada a Las Terrazas.

Carretera de entrada a Las Terrazas.


Partimos rumbo a los Baños en una mañana nublada, con una temperatura agradable. Pasamos el entronque de Las Terrazas, también la Casa del Campesino y la subida al Alto del Mulo, para finalmente doblar por un terraplén a la izquierda.

Un kilómetro sinuoso, bajo una hermosa arboleda y teniendo al río Bayate en bajada por la derecha, nos llevó hasta el lugar de acampada. Un tractor había parqueado en la explanada, en la que se detuvo finalmente el camión. Recogimos el dinero de la gente (30 pesos por persona) y le pagamos a uno de los que venía en la cabina del camión. Le dije por error que éramos 83 u 84, lo que provocó que la cuenta no diera. Pero ellos quedaron conformes y les dije que contaría bien para ver cuántos éramos realmente. ¡Claro que estaban conformes! ¡Habían recogido más de 2100 pesos en un recorrido de 70 kilómetros!

Llegada a los Baños del Bayate.

Llegada a los Baños del Bayate.


Partió el camión y comenzamos entonces a acampar. Bajo la amplia arboleda se alzaban algunas cabañitas, la cocina y otras construcciones de madera con techos de guano, entre las que sobresalía al final un atractivo ranchón. Casi cerrando el panorama estaba el río Bayate y luego una escarpada ladera, que hacía de orilla opuesta.
Instalaciones de los Baños del Bayate.

Instalaciones de los Baños del Bayate.


El ranchón y una de las cocina.

El ranchón y la cocina.


La cocina y detrás el local de los matemáticos.

La cocina y detrás el local de los matemáticos.


Unos levantaron sus tiendas de campaña bajos los árboles y otros aprovecharon los techos de guano para plantar debajo. Los 12 de MAT-COM buscaron refugio en una cabañita con techo y sin paredes, ubicada unos ochenta metros a la izquierda del ranchón, cerca de unas cañas bravas. Algunos, a pesar de plantar bajo los techos de guano, levantaron sus tiendas de campaña. Los biólogos amarraron la bandera de su facultad, de color verde, a una mata. Entonces yo saqué la bandera de Mal Nombre y la extendí sobre la tienda de campaña de Yanieyis.
Acampando.

Acampando.


Cuando todo el mundo tuvo listo su lugar para acampar, convoqué al trabajo voluntario de higienización para recoger los deshechos que pululaban por los alrededores. Yanieyis había llevado unos ecológicos, los cuales distribuí por grupos y facilitaron la recogida de la basura. En una media hora hicimos el trabajo. Hasta el sótano del ranchón quedó limpio. La cantidad de nilones con basuras que juntamos cerca del ranchón fue una clara muestra del trabajo realizado y de cuánto se había ensuciado sin conciencia alguna por tanta gente que había hecho uso del lugar con anterioridad.

Después agrupamos toda la comida en una instalación conformada por dos compartimentos divididos por un mostrador de concreto, que estaba ubicada unos metros a la izquierda del ranchón. Sobre un nylon extendido en el suelo, en la parte interior del local, colocamos la comida.

Luego nos reunimos todos sobre el entablado superior del ranchón. Luego de presentar nuevamente a los grupos participantes y de explicar los objetivos y la historia del Movimiento Cubano de Excursionismo, les di la palabra a varios integrantes de los grupos para que contaran sus experiencias y para que los nuevos nos dieran también su visión. Los biólogos hablaron de cómo se enteraron de la acampada casualmente a través de un correo. Laura, de cómo se embullaron los matemáticos, Edgardo de los cujaeños y Ruslan de las últimas actividades del CIM.

Encuentro en el ranchón.

Encuentro en el ranchón.


En medio del encuentro llegó Ernesto, el del CIM, quien había llegado tarde al punto de partida. Después de coger un camión en Cien y Autopista, se bajó en el entronque de Las Terrazas y caminó hasta la barrera. Allí le cuadraron un camión que lo dejó al inicio del terraplén que va a los Baños del Bayate.

Después debatimos si ir esa misma tarde a las ruinas de los cafetales franceses, dejando la caminata hasta el salto San Claudio para el domingo, o invertir los recorridos. Edgardo proponía San Claudio para el domingo, mientras Ruslan quería hacerlo esa tarde. Después de darse las razones de cada propuesta, las opiniones siguieron divididas y optamos por la votación, ganando la propuesta de hacer el sábado en la tarde el San Claudio y el domingo las ruinas. Aproveché también el encuentro para distribuir los grupos por comidas en cuanto a su elaboración. Los de la CUJAE harían el almuerzo del sábado. Los malnombristas, la comida del propio sábado, que incluía cocinar espaguetis. El desayuno del domingo lo harían los matemáticos y los biólogos y el almuerzo del domingo estaría a cargo de los del Polo Científico, aunque finalmente dejé a los biólogos para el almuerzo, pues los científicos eran pocos. Realmente lo único a cocinar eran los espaguetis, pues todo lo demás era comida fría.

El encuentro terminó alrededor de las once de la mañana, por lo que tocaba ya preparar el “almuerzo”. Los de la CUJAE se enfrascaron en ello en el local donde habíamos puesto toda la comida. Finalmente repartieron sobre el mostrador galletas con dulce de guayaba, panes con mayonesa y pasta de carne, más refresco hecho en mi tanqueta de 14 litros y en un caldero. Oxana, una malnombrista, había plantado su tienda de campaña a la entrada del local y hubo que corrérsela para que la gente entrara a buscar su merienda.

Los cujaeños preparando el "almuerzo" del sábado.

Los cujaeños preparando el “almuerzo” del sábado.


Ya era mediodía y tocaba partir en busca del salto de San Claudio. Eduardo, de Mal Nombre, se dispuso a quedarse en el campamento y cuidar todas las pertenencias. A las doce y catorce minutos partimos 77 excursionistas a recorrer los casi 8 kilómetros que median entre los Baños y el Salto, cuando ya el cielo estaba bastante despejado. Cargamos las barras de maní para merendar en el viaje. Yanieyis se llevó a Samuel metido dentro de una mochila. Y sería rotado el Samuel en la espalda de varios hombres. La perra Lía también iría en el viaje; esta sería su segunda visita al salto de San Claudio, pues antes lo había hecho con los malnombristas.

En la caminata hasta la carretera, el grupazo se fue estirando, por lo que hicimos un alto en la entrada al sendero al Alto del Mulo. Iniciamos la subida por el terraplén todos juntos, a partir del cartel que anuncia el sendero y los 3.3 kilómetros del ascenso.

Agrupándonos antes de subir al Alto del Mulo.

Agrupándonos antes de subir al Alto del Mulo.


Pronto volvió a estirarse la nutrida pandilla. Los primeros en llegar al césped del Alto, se tiraron sobre la hierba a esperar por los demás. Cuando llegué, embullé a la gente a meterse por el estrecho trillo que lleva hasta la cima. La mayoría se motivó y recorrimos los alrededor de 400 metros que distan hasta la casa destruida que colma la cumbre, pasando por tramos donde el aroma se encima sobre el trillo. La casa ya no tiene techo, solo le quedan las paredes derruidas. Rotándonos, nos fuimos trepando en la parte superior de las paredes, esquivando las curveadas espinas de las zarzas. En la altura pudimos disfrutar de un hermoso paisaje de la Sierra del Rosario, que incluye una franja de la costa norte, con la bahía de Cabañas en su extremo occidental.
En el césped del Alto del mulo.

En el césped del Alto del mulo.


Luego regresamos al césped y continuamos todos rumbo al San Claudio. El próximo tramo de terraplén, con ascensos y descensos, nos mostró algunos charcos fangosos, a los que esquivamos por los bordes del camino. Llegamos a un entronque bajo un pinar y doblamos por el terraplén de la derecha, en bajada.

Tras haber ascendido alrededor de un kilómetro, un grupo delantero se sumergió en un trillo y se detuvo dudoso bajo un bosque de ocujes, pensando en si aquella era o no la vía correcta. Cuando llegué al lugar, les dije que salieran y volvieran al terraplén. Me extrañó ver a Edgardo en aquel grupo, porque este era su tercer viaje al San Claudio. Pero bueno, en el monte cualquiera se pierde.

Continuamos la bajada con la tropa estirada. Al llegar por fin al río San Claudio, que más bien parecía un arroyo por la carencia de lluvias de la época, vi a algunos ascendiendo por el trillo que sigue en la otra orilla. Al decirles que regresaran, que ese no era el camino, me respondieron que un grupito se había ido delante. Alexis repropuso que él iría a buscarlos para que yo guiara la gente hasta el salto. Eso hicimos.

Crucé el río y cogí por la izquierda siguiendo un maltrecho camino. Más adelante comenzamos a pasar los varas en tierra que alguna vez sirvieron de alojamiento a turistas, hasta llegar a la zona ancha donde varios grupos del Movimiento ya han acampado.

Allí descendimos por un trillo de monte que nos llevó hasta la base del salto. De los cuatro chorros de agua que hemos visto deslizarse por las inclinadas paredes rocosas del salto, solo uno era visible; el mayor. La escasez de lluvia había menguada notablemente el caudal del San Claudio. No obstante, la belleza del lugar era indiscutida. La caída del agua, la ladera rocosa, la poceta debajo y la flora colmando el paisaje, hacían un todo que embriagaba a la mirada.

Poco a poco, la pandilla fue entrando en el agua y sintiendo su exacerbada frialdad. No obstante algunos quedaron a salvo de las cosquillas del frío. Los que nos metimos en el río, nadamos para entrar en calor. No faltó la tiradera de agua para los secos. Algunos, con Edgardo de guía, subieron a lo alto del salto y descendieron hasta un tronco saliente, para tirarse desde allí. Edgardo lo hizo dos veces. Hubo quien ― como Ruslan ― se quedó en la bella pocetica que hay previa al salto.

Baño en la poceta del Salto de San Claudio.

Baño en la poceta del Salto de San Claudio.


El Salto del San Claudio.

El Salto del San Claudio.


Después del baño, subimos por el trillo hasta el lugar donde solemos acampar en San Claudio, pues el camino de arriba se ensancha. Allí, sobre el suelo, pusimos las barras de maní, las picamos y las repartimos entre todos.
A punto de merendar un trozo de maní en las alturas del San Claudio.

A punto de merendar un trozo de maní en las alturas del San Claudio.


Pasadas las cuatro de la tarde comenzó la partida. Los matemáticos tomaron la punta, con tan mal paso que al cruzar el río en la altura, siguieron un trillo recto, donde había que tomar un camino a la izquierda. Detrás de ellos se fueron otros, incluyendo a Alexis y a algunas de las niñas.

Cuando llegué al lugar y crucé la corriente, me detuve para ver qué hacía la gente. Sin excepción, todos siguieron por el camino errado. Los dejé que avanzaran unos metros y les grité para que regresaran. El problema estaba en que el camino equivocado se veía más claro y seguía directo hacia el frente. Algo similar nos había pasado a los de Mal Nombre en nuestra visita al San Claudio a finales del 2013, pero a los pocos metros de avanzar, notamos el error y retomamos la ruta correcta.

Cuando creí que el error estaba corregido, me dijeron que un grupo se había ido delante y no sabían cuál de los dos caminos había seguido. Con la prueba hecha a los que venían conmigo, las mayores probabilidades apuntaban a que se fueran por el mal camino, y partí a buscarlos. A los pocos metros de avanzar, vi por la derecha un brazo de río que seguía paralelo al camino. Me detuve y lancé algunos gritos, sin obtener respuesta. Siguiendo una marcha apresurada, más adelante volví a gritar y Alexis me respondió. Cuando lo alcancé, otros más, incluyendo a dos de las niñas, lo acompañaban. Les dije que regresaran y Alexis me dijo que algunos matemáticos habían avanzado más. Mientras ellos viraban, yo seguí a buscar a los más adelantados. Crucé un arroyo y al poco rato respondieron a mis gritos. Me topé con dos matemáticos, pero había dos más adelantados y ellos mismos los buscaron. Al llegar los cuatro a donde yo estaba, les dije que regresaran al río, y sin cruzarlo, cogieran el camino de la derecha. Mientras ellos partían, me senté en el suelo para quitarme las botas, pues una me estaba molestando.

Caminando descalzo de regreso, me encontré a los cuatro esperándome junto al arroyo que recién había cruzado. Les pregunté qué esperaban y me dijeron que a mí, pues allí estaba el río y tenían dudas. Les dije que ese era solo un arroyo, que el río estaba más adelante.

Seguimos caminando y llegamos al río San Claudio. Allí estaba el tío de Sofía, a quien Alexis le pidió que orientara a los que iban llegando para que no se perdieran. Arrancamos todos loma arriba.

El camino de regreso se fue sin mayores inconvenientes. No obstante algunos se sintieron el rigor de la caminata que se extendió a dieciséis kilómetros en la tarde.

Regresando del salto del San Claudio.

Regresando del salto del San Claudio.


Los primeros en llegar lo hicieron pasadas las seis de la tarde. Un caldero con un poco de caldosa, dejada por un trabajador de la agricultura, fue repartida a vasito entre todos.

De inmediato los malnombristas nos enfrascamos en la cocina. En la primera acampada en Jardín de Aspiro cocinamos para noventa y una personas, pero todos los espaguetis los hicimos en un caldero grande. En el Bayate teníamos que hacer los espaguetis en tres calderos, lo cual complicaba más su elaboración. En la cocina Eduardo colocó un caldero, mientras Yaser, en otra cabaña abierta dispuesta también para cocinar, colocó los otros dos. Ya Eduardo había recogido leña por los alrededores. Varias mujeres malnombristas comenzaron a preparar la sazón y la carne en salsa. Otros más nos sumamos a ambas labores, aunque Yaser y Eduardo llevaron el protagonismo en la cocina.

Mientras cocinábamos, la gente se fue bañando en el río. No obstante hubo quienes volaron turno.

Baño en la tarde en el río Bayate.

Baño en la tarde en el río Bayate.


Más de treinta paquetes de espaguetis fueron hicimos los malnombristas. El tiroteo se formó ya de noche, cuando el hambre estaba por el cielo. Los espaguetis colmaron un nylon ecológico y otro nylon más pequeño. La salsa cupo en dos calderos. Los perros calientes y la jamonada se sirvieron aparte. En mi tanqueta se preparó el refresco.
En la primera cocina.

En la primera cocina.


En la segunda cocina.

En la segunda cocina.


Ernestico repartió los espaguetis, yo la salsa y la carne, y Oxana sirvió el refresco. La carne no alcanzó y tuvimos que abrir unas latas de carne que habíamos apartado para hacer una pasta para el desayuno del domingo. Hubo doble de todo, menos de la carne. El nylon más chico lleno de espaguetis quedó intacto. En fin, la gente se llenó.

Al rato de terminarse la comelata, comenzó una descarga a guitarra en el ranchón. La gente se fue reuniendo en el lugar y entre David (el mecánico) y Miriel (el automático), canciones tras canciones fueron amenizando las horas nocturnas, seguidas por el coro de unas cuantas voces. Alrededor de la medianoche las voces se fueron apagando, silenciadas por el sueño.

Domingo 29 de marzo del 2015

A la una de la madrugada llegó una bulla al campamento. Era un grupo de gente que no conocíamos, que llegaban en una guagua con varios de ellos pasados de tragos. Luego de bajarse, comenzaron a acercarse, al parecer con la intención de acampar en el lugar. Pero a medida que avanzaban, comenzaron a ver las tiendas de campaña por todos lados. Las mujeres empezaron a pedirles a los hombres que hablaran bajito. Ya cerca del ranchón, decidieron. Al llegar al ranchón decidieron volverse atrás. Se montaron en la guagua y partieron, quedando nuevamente n silencio el campamento. Pero a las tres de la madrugada volvió a sentirse cierta bulla, al parecer proveniente de los mismos que regresaban en la guagua. Pero una vez más se montaron y se fueron. La madrugada fue fría, de modo que los menos protegidos se la sintieron.

A las siete de la mañana, en pleno amanecer, un nuevo escándalo irrumpió en el campamento. Provenía de una impertinente voz, que pretendía despertar a todo el mundo dando un soberano de pie. Luis Ernesto, un automático, era el protagonista. Después de unos cuantos minutos armando su gritería, el osado cujaeño se calló.

Poco a poco la gente se fue levantando. Los matemáticos se fueron a la cocina y prepararon un desayuno a base de galletas de sal con dulce de guayaba y refresco. Después de desayunar, el gritón pagó las consecuencias. Incitados por algunas chicas, el Friky y Mario, ambos malnombristas con un físico imponente, agarraron a Luis Ernesto y de inmediato otros más se sumaron a la acción. La historia terminó con Luis Ernesto cayendo de nalgas en el río Bayate.

Luis Ernesto va al agua por chistoso.

Luis Ernesto va al agua por chistoso.


También en la mañana desapareció la bandera de los biólogos. Su argumento de que no podrían entrar el lunes a la facultad sin la bandera, no pareció sensibilizar en principio a quienes perpetraron el hecho.

Las ruinas de los cafetales San Pedro y Santa Catalina eran los últimos objetivos de la acampada. En la ocasión, serían los malnombristas Luisito, Abiel y el primo de este último quienes se quedarían en el campamento por decisión propia. Cinco matemáticos irían hasta el poblado de Las Terrazas, pero creí que eran los doce los que no irían a los cafetales. Los otros siete matemáticos estaban dentro de sus tiendas de campañas y cuando partimos hacia los cafetales no los vimos ni ellos a nosotros. Al poco rato salieron e intentaron ir a los cafetales pero como tenían dudas del camino, decidieron quedarse.

El mismo terraplén que llegaba hasta los Baños del Bayate, continuaba rumbo a los cafetales, bordeando el río por su izquierda. A medio kilómetro se hallan las ruinas del cafetal de San Pedro y hasta allí llegamos. Varias son las instalaciones que muestran las ruinas. La mayor se alza sobre un promontorio y tiene una pared de más de dos metros de alto, con varios compartimientos interiores. En un gran área alrededor se peuden ver largos muros que servían de límites a los secaderos de café y también otra construcción mayor, invadida por raíces de árboles. Todo está construido con rocas en formas de estratos, que debieron extraer del cercano río. La sombra de la extensa y alta arboleda se expande sobre las ruinas.

Ruinas del cafetal San Pedro.

Ruinas del cafetal San Pedro.


La Revolución Francesa y principalmente la haitiana, provocaron emigraciones de franceses con sus esclavos desde la cercana Haití. Los colonos franceses se asentaron mayoritariamente en el oriente cubano, pero algunos llegaron hasta la Sierra del Rosario con sus modos de producción y su cultura. Los esclavos llegaron con sus religiones, principalmente la vodú. Esta explicación se la di al grupo antes de continuar rumbo al otro cafetal. No faltaron las fotos para recoger imágines de las ruinas.

Continuando la marcha, pasamos varias veces el río sobre puentes de concreto con grandes tubos que dejan pasar la corriente. Tras el último cruce, donde el río se muestra más ancho que en los anteriores, sobrevino un entronque, a más de un kilómetro de las ruinas de San Pedro. Siguiendo por la derecha, de inmediato un largo muro le pone límite al cafetal Santa Catalina.

Entramos a los predios del antiguo cafetal y llegamos a su ruina mayor: un arco de piedras conservado íntegro, aunque mostrando las evidentes huellas de tiempo. Algunos nos subimos sobre el arco, teniendo cuidado de no dejar caer las piedras sueltas que lo conforman. Un pedazo de pared del arco muestra aún una pintura roja de la época en que fuera construido. Cerca del lugar se alza otra ruina con mayores señales de destrucción.

Arco de las ruinas del cafetal Santa Catalina.

Arco de las ruinas del cafetal Santa Catalina.


Monty siguió por el camino, y al volver, me contó del muro que se extendía durante un buen trecho. Fui a verlo y noté más pintura roja en la superficie del muro. Seguía de largo y llegué hasta un nuevo cruce del río, pero sin puente. Regresé entonces a donde estaba la gente.

Después de la vista a Santa Catalina, nos juntamos todos sobre el puente cercano a las ruinas. Unos se tiraron a descansar sobre el concreto y otros nos embullamos a darnos un baño en las limpias aguas del Bayate, bajo un sol brillante. Lian vio asomada sobre la superficie del río la cabeza de una culebra de agua y pronto esta cayó en manos de algunos, que se pasaron curioseando. Finalmente la culebra volvió al agua, vivita y coleando.

Baño y relax cerca de las ruinas del cafetal Santa Catalina.

Baño y relax cerca de las ruinas del cafetal Santa Catalina.

Después del relax colectivo, regresamos en relajada caminata hasta nuestro lugar de acampada. Al llegar, los biólogos y los del CIM prepararon el almuerzo, que, “para variar”; estaba conformado por galletas, dulce de guayaba y refresco. Al bocado se le adicionaron palitroques y restos de panes. Repartimos el “almuerzo”, cuando ya los cinco matemáticos habían regresado de Las Terrazas. Luego del bocado, comenzó la recogida del campamento.

En cola para el "almuerzo" del domingo.

En cola para el “almuerzo” del domingo.


Alrededor de las dos y media llegó el camión a recogernos. El hombre que me cobró el dinero con el que pagamos el viaje de ida no venía en la ocasión. Le dije entonces a los dos choferes que llegaban, que el día anterior habíamos viajado 77 y no 83 u 84. Les dije también que el hombre al que le pagué, en un viaje anterior de Mal Nombre me había demostrado una gran exactitud al contar a la gente, sin embargo al terminar el viaje del día anterior no me rectificó la cifra, por supuesto, porque le convenía.

Montamos todos en el camión y poco antes de las tres de la tarde partimos hacia La Habana los 78 excursionistas de la acampda. El viaje se fue tranquilo, consolidándose las nuevas amistades hechas, recogiendo el dinero para pagar el pasaje y algunos tirando sus buenos cabezazos por el sueño. En el kilómetro 29 se bajaron los malnombristas de Guanajay junto a un matemático residente también del artemiseño poblado. Por el camino se fueron quedando otros, siendo el mayor número en el entronque de la CUJAE.

De regreso en el camión.

De regreso en el camión.


Antes de las cuatro de la tarde el camión llegó a su destino en Cien y Autopista a Pinar. Al bajarnos le pagué a los choferes y cada cual cogió su rumbo.

La cuarta acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo llegaba a su fin. Una vez más la Sierra de Rosario había sido el escenario del encuentro entre los grupos de excursionismo. En la acampada nuevos excursionistas hicieron crecer el Movimiento, mostrando sus ansias por compartir en grupo, recorriendo los bellos lugares de la geografía cubana.

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8 Respuestas a “Cuarta acampada del Movimiento Cubano de Excursionismo, en los Baños del río Bayate

  1. Hola, me pregunto si todavia estaba la ¨escalera¨ con troncos que hicimos en el trillo que va al lugar de acampada en San Claudio. La hicimos en agosto el año pasado pq casi hubo un pequeño accidente con una guerrillera.

    Saludos

  2. Es cierto que hace ya algun tiempo que transcurrio la cuarta acampada del movimiento cubano de excursionismo, pero halle esta oportunidad de dar mi opinion sobre ella ahora y no pienso dejarla pasar. La experiencia que recibi de aquella locura, como llaman muchos que escuchan las historias de aquellos dias, fue increiblemente hermosa. Quien se hubiese imaginado que existen tantas cosas hermosas de la geografia de nuestro pais al alcance de todos, sin siquiera tener la necesidad de gastar dinero en hospedaje o en platos de comida en un hermoso restaurante; que mejor modo de observar estos paisajes que desde adentro; a que mejor restaurante pudieramos asistir que al que estamos puramente en contacto con la naturaleza compartiendo la misma comida con todos y ademas elaborada con pura agua de rio. Aquel dia caminamos unos cuantos kilometros, y lo mejor y quizas increible, el almuerzo, aquel trozo de mani molido que tanta magia hizo a todos dandonos las fuerzas suficientes para tomar el camino de vuelta y esperar a la sabrosa comida: los espaguetis.

    En mi experiencia personal fue la primera vez que vivi algo asi, y lo disfrute, o mejor, lo disfrutamos tanto mi grupo y yo aquel dia, que justo ahi nacio un nuevo grupo de excursionismo dada la iniciativa de todos y la experiencia de una malnombrista de la que nos adueñamos, Laura. Ahi comenzo a vivir nuestro grupo que ya tiene unos cuantos proyectos. Pero por ahora lo de ahora: estamos todos muy entusiasmados con la proxima quinta acampada a la que espero asistamos todos los que asistimos a la cuarta y que si sale como se espera se deben integrar unos cuantos nuevos miembros al piquete. Todo esto se hace posible gracias al esfuerzo del Movimiento Cubano de Excursionismo, que ha hecho que todos aprendamos a ver lo sencillo que puede ser realizar grandes azañas, y ademas lo divertido que puede resultar vivir una “locura”.

  3. Ronny, el viernes pasado hicimos la primera peña del Movimiento Cubano de Excursionismo en El Hueco de G y 21. Creo que fue otro momento inolvidable. Las haremos trimestralmente. Laura estuvo allí, así que te puede contar. Nos vemos entonces en el Pan de Guajaibón. Saludos, Sandelis.

  4. Hablando de todo un poco, ¿tú fuiste de los cuatro matemáticos que al salir del San Claudio se desprendieron por un camino que no era, vaya más bien que se perdieron, y que les tuve que caer atrás porque iban sonados? Sin que nadie se entere, yo también me he perdido un montón de veces.

    • No especificamente de los cuatro que iban super alante pero si tome ese camino lo que fui alcanzado por ti antes y fui quien te dijo el nombre de michel que era uno de los que iba delante para que le gritaras a medida que te acercaras a ellos, jaja. No te preocupes que ninguno de nosotros nos sentimos mal por habernos perdido aquel dia, al contrario, nos sentimos orgullosos contando esa historia a los demas, incluso nos queda claro que de los setenta y tantos que fuimos aquella vez nosotros tenemos un average de kilometros caminados bastante amplio con respecto al resto, jaja, saludos para todos ustedes, todos ansiosos esperando la quinta.

  5. En realidad yo si fui uno de esos matematicos, y en realidad fueron 5 si cuentas a otro vietnamita q andaba con nosotros. Aquello fue de madre cojimos como 2 o 3 km pa dentro en direccion equivocada, y despues pa tras todo eso, pa cojer entonces el camino bueno; y al otro dia fuimos casi los mismos hasta el pueblo de las Terrazas que fueron otros 5km + o – a pie para alla y para aca. Nada que tremenda caminata, termine con los pies molidos. Pero la pasamos de lo mas bien, inolvidable la experiencia.

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