Canasí

Guerrilla de Mal Nombre a Canasí
Por Sandelis

A Canasí lo descubrimos los malnombristas después de un viaje en “botellas” a la base de campismo Peñas Blancas, en enero del año 91. Luego de entrar caminando desde la Vía Blanca hasta el caserío Boca de Canasí, cogimos por la orilla izquierda del río y seguimos un trillo que sube la empinada y rocosa ladera que custodia por esa orilla el cauce hasta su desembocadura.

Desde la altura vimos un césped sobre el farallón de la orilla contraria. ¿Por qué no acampar en aquel lugar?, fue la pregunta obligada. Pues ya en mayo estábamos haciendo nuestra primera acampada en Canasí, y no exactamente sobre el mentado césped, sino más adelante, bajo el bosque de uvas caletas que antecede a la ensenada que tiene un pequeño arenazo en su extremo oeste. En aquella ocasión cogimos el tren de Hershey y al llegar al río a las doce de la noche, preferimos no cruzarlo; craso error, pues los jejenes dieron cuenta de nosotros, además de que unos gallos no nos dejaron dormir con su canturía. De tantas otras veces que hemos ido, solo otra vez dejamos el cruce para el otro día y nuevamente los jejenes… Moraleja…

Tras un inicio del 2015 de mucho guerrillear por húmedos montes y elevadas montañas, decidimos aprovechar mayo para hacer una guerrilla costera, y nada mejor que volver a Canasí para tal propósito.

23 de mayo del 2015

Los malnombristas quedamos en vernos a las siete de la mañana en el primer semáforo de Alamar. Los primeros en llegar fueron los hermanos Nadia y Tony, junto conmigo. Sosa llegó unos minutos después y también Erick, un amigo de Eli. Alexis, Ernestico y Daniela cayeron pasadas las siete en el carro de Alexis, por lo que este deó a sus hijos y fue a parquear en un lugar cercano. Raine, Yanieyis y Samuelito, más Oxana y sus dos hijas, Odette y Olivia, también se aparecieron poco después de las siete. Raine casi acababa de llegar de Brasil. Una llamada recibida por Nadia nos dejó saber que un grupo de nueve venía en camino en un P-11.

Paró una guagua de turismo con unas cuantas capacidades. A la par, llegaron los del P-11 y se formó el corretaje. Todos nos pudimos montar, excepto Erick, quien prefirió esperar por Eli y el Rafa, para no dejarlos con la duda de si él había partido o no.

Un viaje de 55 kilómetros en una guagua de turismo con aire acondicionado ofrece poco para contar. Casi al bajarnos, vi a Natacha, una medio vecina mía que tiene una casa en Boca de Canasí. Me contó que tenían previsto hacer un trabajo de limpieza ecológica por la zona el fin de semana, con estudiantes de la Facultad de Bilogía de la Universidad de La Habana.

Al bajarnos en el entronque de Canasí, casi dejo mi muleta (o mejor dicho, la que Bety me prestó) en el pasillo de la guagua, por olvido. Caminamos los dos kilómetros y pico que llevan hasta el caserío de Boca de Canasí, viendo cómo se nos acercaba el bello abra labrado por el río en su salida al mar. La casa de mi amiga estaba al inicio del caserío; ella me la mostró y allí nos despedimos. La casa era sencilla, de buena construcción, y estaba cercada.

Carreterita de entrada a Boca de Canasí.

Carreterita de entrada a Boca de Canasí.

Llegamos a la explanada que tiene el caserío y a diferencias de otras ocasiones, no se veía claro cómo acceder al río, pues nuevas construcciones obstaculizaban el paso. Una mujer me sacó de la duda, señalándome un camino estrecho entre dos patios.

Llegamos a la orilla del río Canasí y la gente comenzó a prepararse para el cruce de los alrededor de cincuenta metros que tiene de ancho el río en el lugar. La larga distancia a cruzar preocupó a algunos sobre la altura a la que les llegaría el agua, sobre todo a Eledys, no solo por su pequeño tamaño, sino por sus habituales temores.

Boca de Canasí.

Boca de Canasí.

Ante nosotros estaba un paisaje de admirar. El río al frente va girando a la izquierda hasta salir al mar abierto. Alturas escarpadas custodian el cauce, tanto por la izquierda como por la derecha, salvo en la posición del caserío. Más a la derecha de donde estábamos, río arriba, los mangles se adueñan de ambas orillas.

Al frente, en la otra orilla, un farallón alerta de esquivarlo por la izquierda para no chocar con él. Una hilera de uvas caletas es la guía para llegar. Hacia allá nos dirigimos. Un muro de piedras sobresalía de la superficie del agua muy cerca de donde estábamos.

Edgardo infló su balsa y sobre ella se pusieran algunas mochilas. Yo comencé a avanzar por el centro, y detrás de mí se formó una hilera. Edgardo iba avanzado un poco a la izquierda y Alexis más a la izquierda de Edgardo. La mayoría llevaba sus mochilas sobre la cabeza. Después de rebasar el primer tramo, que es bastante bajo, el agua nos subió por encima de la cintura y a algunos les llegó al pecho.

Comenzó a llegar la gente a la otra orilla. Edgardo viró para ayudar con las mochilas y yo partí delante bajo las uvas caletas para indicar el camino, siendo entonces las nueve de la mañana.

Después de andar unos cincuenta metros por la orilla, iniciamos la subida de una ladera de piedras y llegamos a un trillo en la altura, bajo la vegetación. Iniciamos el descenso del otro lado y salimos a un césped, agachando la cabeza al final para esquivar las ramas de unas uvas caletas.

La vista desde el césped es envidiable; desde una altura de más de cinco metros sobre el nivel del mar, se constituye en un mirador de la boca del río Canasí, que alcanza allí un ancho de unos cien metros. En la otra orilla: una montaña con laderas escarpadas. Al norte: el inmenso mar. Al este: una accidentada costa.

Después de disfrutar del panorama y de respirar aire puro, seguimos caminando por una ancha vereda sombreada por las uvas caletas. A la izquierda podíamos ver el barranco que lleva hasta el agua.

Vereda sombreada por las uvas caletas.

Vereda sombreada por las uvas caletas.

Andando unos doscientos metros llegamos a un sitio ancho donde las uvas caletas no dejan llegar a los rayos del sol y donde hemos acampado en otras ocasiones. El lugar es la antesala de una ensenada de unos cien metros, que tiene en su esquina oeste una entrada arenosa a la que le llamamos “la playita”. El camino está a unos cuatro metros de altura sobre el nivel del mar. Junto al camino había gente acampada, que estaba cocinando.

Caminamos unos trecientos metros más y llegamos al lugar donde acamparíamos, justo al borde de “La Olla”. La Olla es una entrada de mar entre farallones, que tiene en su fondo oriental una cueva de origen marino, de unos pocos metros de profundidad.

La Olla vista desde el sitio donde acampamos.

La Olla vista desde el sitio donde acampamos.

Comenzamos a acampar bajo las uvas caletas cuando eran alrededor de las nueve y media de la mañana. Las tiendas de campaña se alzaron y después de La Olla comenzó a llenarse de bañistas de Mal Nombre. El mar estaba bastante tranquilo.

Una joven pareja hacía srnockeling en el lugar. Después supimos que eran amigos de Eli. La muchacha era profesora de Diseño Industrial y el muchacho, bioquímico. Al salir del agua, nos presentamos y me pidieron un poco de agua de tomar. Les di un pepino lleno. Tenían su tienda de campaña armada cerca de las nuestras. Algunos nadamos desde La Olla hasta la playita. Al llegar, ya estaban allí los tres niños de la tropa (Daniela, Olivia y Samuel) con sus padres. El Rafa, Eliz, Erick y Mariela llegaron pasadas las once de la mañana y de inmediato armaron sus tiendas campaña. Después fueron al agua, excepto Erick, que no es nada ducho en natación. A esa hora, ya el mar estaba movido. Unos cabezos coralinos que hay a unos cien metros de la playita, nos entretuvieron por un buen rato.

La entrada a la cueva de La Olla.

La entrada a la cueva de La Olla.

Al mediodía nos reagrupamos en el sitio de acampada. Para ahorrar agua, previmos llevar tres o más litros por persona y no cocinar, sino llevar comida hecha más algunas cosas para preparar meriendas. Cada cual sacó su almuerzo y calzamos a los más desprotegidos.

Sosa no leyó bien el correo sobre la comida y llevó espaguetis para cocinar. Por eso partió algo después en busca de comida. Cruzó el río, llegó hasta la Vía Blanca y siguió hasta el batey del antiguo Central Puerto, donde encontró una cafetería. Alí mató el hambre del momento y cargó para la comida.

Algo después llegaron Yaser y el Tin en el kayak de este último. En dos horas hicieron el trayecto desde Bacunayagua hasta Canasí. Su plan para el día siguiente era llegar hasta Guanabo. Entre varios sacamos el kayak del agua. Después Yaser llevó al bioquímico hasta el caserío de Boca de Canasí, pues este tenía que regresar a La Habana. El regreso de Yaser fue esforzado, pues lo hizo en contra del oleaje. Al volver el Kayak, otros malnombristas dieron vueltas en él.

En los alrededores de La Olla, Oxana dio un mal paso y se cayó, dándose varios golpes, uno de ellos en la cabeza y el otro en un pie. Después del accidente, comenzó a usar mi muleta.

Antes del oscurecer nos comimos lo demás que llevamos preparado. También preparamos una merienda colectiva, ganándose el protagonismo una riquísima pasta llevada por Eledys, que se le untó a unos panecitos. El menú también incluyó galletas de sal con dulce de guayaba. Héctor y María Libia se aparecieron a esa hora provenientes de La Habana, para sumarse a la acampada malnombrista.

Ya de noche, hicimos una tertulia sobre el farallón oriental de La Olla. Alí se quedaron algunos a dormir a la intemperie, recibiendo una agradable brisa nocturna. Yo me tiré enroscado en mi súper-nylon en un llanito que hay antes de bajar a La Olla.

Domingo 24 de mayo del 2015

Unas lloviznas nocturnas nos inquietaron un poco a los que dormíamos a la intemperie. Pero al comprender que no eran nada del otro mundo, les perdimos el respeto.

Al amanecer notamos que el mar estaba algo movido. Preparamos un desayuno a base de galletas con dulce de guayaba y con la pasta. Después fuimos al agua, los niños a la playita y los demás a unos cabezos que hay a unos cien metros de La Olla, mar afuera.

Alexis, Daniela, Raine, Yanieyis y Samuelito partieron de regreso a La Habana a media mañana. El resto comenzó a recoger pasadas las once. Erick había ido a pie hasta la entrada de Palmarejo, ubicada a unos cuatro o cinco kilómetros de donde estábamos, por lo que nos preocupamos un poco por su ausencia. Yo exploré un camino que ascendía entre unas laderas bajo una frondosa vegetación. Llegué a la altura y cogí a la derecha en un entronque hasta llegar a un cartel donde se anunciaba el sendero ecológico y se prohibía la caza. Cuando volví al campamento, ya Erick estaba de vuelta.

Después de recoger el campamento, fuimos partiendo por grupitos. Atrás quedaron Eli, Rafa, Erick y Mariela, quienes salieron unos minutos más tarde. Al llegar al césped que hay junto a la boca del río, Tony y Nadia cogieron un camino que los llevó al borde del farallón y tuvieron que regresar. Janett y Edgardo se tiraron al agua por allí y nadaron hasta el lugar del cruce.

El césped junto a la boca del río Canasí.

El césped junto a la boca del río Canasí.

Poco a poco fuimos atravesando el río y seguimos por la carretera hasta la Vía Blanca. Allí preparamos una merienda con galletas y la pasta que quedaba. Terminando de merendar, paró una guagüita de turismo. Se montó la mayoría, exceptuando un grupito que se quedó a esperar a dos profe pinareños que buscaban comida por los alrededores. También se quedó el trío de las tres “O”: Oxana, Odette y Olivia, pues Oxana llamó a su hermano para que la fuera a recoger en carro, porque el pie le dolía un poco.

Cruzando el río Canasí al regreso.

Cruzando el río Canasí al regreso.

El viaje de la guagüita de turismo con aire acondicionado fue un típico “bacilón”. Una multa al chofer y la visión de una pequeña embarcación que nos trajo dudas de que fuera o no el kayak, fueron los dos únicos sucesos llamativos del trayecto. Después supimos que sí era el kayak, que se había acercado a la costa en los grandes farallones que hay entre Santa Cruz del Norte y Boca de Jaruco. La navegación en el kayak se hizo bastante complicada por el oleaje que se alzó en la tarde, y el Tin y Yaser tuvieron que entrar con su “nave” por Boca de Jaruco. Allí fueron interceptados por unos incrédulos policías, que tras las lógicas averiguaciones, les dieron botella hasta Guanabo.

Viaje turístico de vuelta a casa.

Viaje turístico de vuelta a casa.

Edgardo, Ana María y los pinareños tuvieron que esperar una hora más que nosotros en el entronque de la Vía Blanca, para finalmente coger una guagua que iba para La Habana. Las tres “O” esperaron un tiempo parecido hasta que fueron recogidas por el hermano de Oxana.

Terminó así la atractiva guerrilla en Canasí, luego de que Mal Nombre estuviera seis años ausente de aquellos parajes. En total, 32 guerrilleros pasamos un buen fin de semana de baño, snorkeling, sol y hasta kayak.

Anuncios

5 Respuestas a “Canasí

  1. Que bien!! yo ya he ido 2 veces este año en marzo y en abril, lo que me llamo la atencion fue que la zona de acampada de la Cazuela, llamada por ustedes como Olla, estaba llena de piedras como de recebo y se hacia dificil acampar, esto nunca habia pasado otras veces que he ido. No se si esto fue deliberadamente hecho o fue un desprendimiento.

    De todas formas Canasi es un hermoso lugar cercano a la capital donde se puede hacer una guerrilla decente y de bajo costo.

    Saludos

  2. Ahora no sé bien si es olla o cazuela. Bueno, es un utensilio para cocinar. El suelo arriba se llena de hojas de uvas caletas, que acolchonan la acampada y probablemente cubrieron el recebo del que hablas, Aunque a la entrada creo recordar lo que dices. Sí, es un buen lugar, cercano y de bajo costo, pero que depende de cómo esté el mar, pues cuando está movido, complica bastante el baño.

    • hola amigo, escuche de su proyecto en una mesa redonda y me interesa muchisimo saber como integrar o contactar con su grupo o con cualquier grupo que radique aqui en la habana. pues en mis tiempos de universitario haciamos excursiones con frecuencia pero entre las amistades q se han ido del pais y las que no tienen tiempo para ocio por la familia que han formado realmente, ya no tengo amigos para hacer esa actividad recreativa sana que tanto me gusta.
      saludos y en espera de su pronta respuesta
      edel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s