Desde el río Nibujón hasta Salto Fino

Guerrilla de verano número 28 del grupo Mal Nombre. Año 2015

Por Sandelis

Para la 28 guerrilla de verano los malnombristas asumimos dos grandes retos. Primeramente nos propusimos atravesar parte del sistema montañoso Nipe-Sagua-Baracoa, justo desde la desembocadura del río Nibujón hasta el mayor afluente del Toa, el río Jaguaní, en un periplo prácticamente inédito. Posteriormente navegaríamos los ríos Jaguaní y Toa para luego enfrentar el segundo gran reto: conquistar, tanto en su altura como en su base, a Salto Fino, el mayor salto del Caribe insular, y descender los 20 saltos del arroyo del Infierno, desde la base de Salto Fino hasta el río Quibiján.

Viernes 24 de julio del 2015

A las 8:30 de la noche los malnombristas comenzamos a invadir el Palacio de Pioneros del municipio Playa, desde donde partiríamos a nuestra guerrilla de verano. Pero primeramente un motivo especial reuniría, no solo a los de la excursión, sino a muchos más: celebrar el cumpleaños de los trillizos sueco-cubanos, hijos de Anna y Adrián, y el de Ingrid, otra hija de esta destacada pareja malnombrista.

Luego del jolgorio de la fiesta, en la que participaron 81 personas, permanecimos los que partiríamos rumbo al río Nibujón. Después de distribuir los módulos de comida, nos quedamos a la espera de la guagua.

Sábado 25 de julio del 2015

A las 12:30 de la madrugada partió la guagua con 33 malnombristas a bordo. La madrugada se fue tranquila, y tras el amanecer, hicimos la primera reunión en la guerrilla, en la que anunciamos los tres grupos de cocina con sus jefes, y los tres tríos de retaguardia. Pasado el mediodía recogimos al Griny y a Leslie en la ciudad de Holguín, completando así la cifra de 35 excursionistas. Un alto en Mayarí nos permitió almorzar. Más tarde recogimos a tres guerrilleros de Moa, pertenecientes al grupo Cero Fallos, con quienes habíamos establecido comunicación anteriormente. Ellos participarían en el ascenso del río Nibujón y de inmediato regresarían a Moa. Pasadas las 5 de la tarde llegamos al río Nibujón, justo donde atraviesa la carretera Moa-Baracoa, y la guagua penetró un tramo por un terraplén para adelantarnos río arriba. Tras bajarnos, realizamos una caminata de unos dos kilómetros, con algunos cruces del río, hasta finalmente acampar en una buena playa donde nos dimos un baño de estreno. El grupo Uno cocinó unos ricos espaguetis y la noche nos absorbió con el sueño incluido.

Domingo 26 de julio del 2015

Con un de pie a las seis, el campamento se comenzó a alistar. El grupo Dos hizo choco-leche y preparó galletas con dulce de guayaba de desayuno. Redistribuimos los bultos de comida y partimos alrededor de las 9. Teníamos dos opciones para llegar al final de la meseta de Airán: subir por un camino que hay cerca de la boca del arroyo Jaragua (lo cual era más directo) o seguir el curso del río Nibujón y subir una ladera al final para llegar a Airán.

Caminado junto al Nibujón.

Caminado junto al Nibujón.

Caminando río arriba, llegamos a boca del Jaragua y nos bañamos en una poceta, mientras Meyquel, el moense, buscaba el camino que sube a la meseta de Airán. Pero este no apareció y seguimos el curso del Nibujón por un ancho camino que en ocasiones cruzaba el río. En la orilla izquierda llegamos a un punto donde el camino subía, pero allí debíamos abandonarlo para adentrarnos en el cauce del Nibujón. Eso hicimos y bien pronto nos aparecieron tres pocetas, que tuvimos que vencer con una organización de grupo: primeramente inflamos varias balsas. Un grupito se enfrascó en colocar las mochilas sobre las balsas, otro en trasladar las balsas cargadas y otro en subir las mochilas al final hasta un lugar seguro.

Pasando una poceta del Nibujón.

Pasando una poceta del Nibujón.

Al vencer los tres tramos, la tarde había avanzado bastante y tuvimos que buscar un lugar para acampar, decidiendo pasar la noche en el mejor sitio que encontramos: una curva del río con laderas pedregosas e inclinadas. Algunos nos sumergimos en el monte para buscar un lugar lo más “llano” posible en las laderas. En la ocasión preparamos puré de papas como estreno, pues cocinar arroz o espaguetis sería una odisea, con tanta humedad de la leña.

Acampada en el Nibujón sobre piedras.

Acampada en el Nibujón sobre piedras.

Lunes 27 de julio del 2015

Nos despertamos con la claridad, deseosos de ver el primero de los tres arroyos que alimentan el Nibujón, cayendo desde la meseta de Iberia. Solo medio kilómetro bastó para llegar al lugar. Allí nos dimos un buen baño y seguimos Nibujón arriba. Llegamos al segundo arroyo que cae, tras usar una balsa inflada para pasar las mochilas en una poceta. Grandes piedras se convertían en obstáculos a franquear entre la corriente, que cada vez era más menguada. El tercer y último arroyo nos trajo confusión, pues un gran salto de agua también coincidía en el lugar. Tras despejar la duda, ascendimos por el arroyo y a menos de 200 metros de su espléndido salto desde la meseta de Iberia, decidimos emprenderla por una inclinadísima ladera para conquistar la meseta de Airán.

Tercer arroyo del Nibujón y salto.

Tercer arroyo del Nibujón y salto.

Salto del tercer arroyo del Nibujón.

Salto del tercer arroyo del Nibujón.

La subida por la ladera fue a pulso. El tibisí nos enredó todo lo que quiso en algunos tramos. Una piedra que se me desprendió dio directo en un brazo de la bisoña Celia, provocándola una contusión que no llegó a la fractura, por suerte. Los energéticos hechos de polvo de galleta, azúcar, leche en polvo y chocolate en polvo, se sumaron a los buches de agua para alentarnos en la subida.

Subiendo la recia ladera.

Subiendo la recia ladera.

Cayendo la tarde fuimos venciendo la altura y llegamos a un ancho camino. Unos metros más y hallamos un buen lugar para acampar, pero sin agua a mano. El camino seguía, pero la noche estaba cerca y teníamos que armar el campamento. Un trillo que bajaba nos alentó a algunos a buscar agua. A mitad de descenso nos detuvimos y Edgardo y Dany siguieron bajando hasta volver al Nibujón, justo debajo del salto del tercer arroyo. Es decir, caminando caminado 200 metros más, hubiéramos subido la ladera por un trillo y no a monte espeso como lo hicimos.

Acampada en la meseta de Airán.

Acampada en la meseta de Airán.

En el campamento una llanta de carro nos sirvió de cocina, aunque realmente comimos comida fría en el cierre de la jornada. Esa noche sentí un extraño malestar en el cuerpo.

Martes 28 de julio del 2015

Al amanecer, Edgardo, Frank y yo salimos de exploración por el camino ancho y hallamos un viejo campamento bien cerca de donde estábamos, y a solo unos metros de lugar, un arroyo cristalino. Es decir, dormimos muy cerca del agua sin saberlo.

Seguimos el camino en subida, hasta comprobar que este nos llevaba a la base de la meseta de Iberia, tal y como queríamos. Regresamos, desayunamos y partimos todos. Al llegar a la base de la meseta, hallamos una caseta con una cocina adentro, un trillo que bajaba al parecer a un arroyo, otro camino que subía a la meseta y otro trillo que se adentraba por un firme con rumbo sureste.

Lo que queda del antiguo campamento de la meseta de Airán.

Lo que queda del antiguo campamento de la meseta de Airán.

El arroyo junto al antiguo campamento.

El arroyo junto al antiguo campamento.

Subiendo a la base de la meseta de Iberia.

Subiendo a la base de la meseta de Iberia.

Nuestra intención era bordear la meseta de Iberia hasta coger un arroyo que tomara rumbo suroeste, pero aquel camino que bajaba por el firme podía ser nuestra solución, si definitivamente giraba a la derecha. Tomamos por él, pero este se alejaba con rumbo al río Naranjo y decidimos regresar cuando la temperatura de mi cuerpo marcaba los 38 grados. Un grupo exploró el trillo que bajaba al arroyo, lo rebasó e hizo camino hasta otro arroyo, para luego regresar al nuevo campamento que comenzamos a hacer en los alrededores de la caseta. Esa noche la fiebre me subió a 39.

Campamento en la base de la meseta de Iberia.

Campamento en la base de la meseta de Iberia.

Miércoles 29 de julio del 2015

Desayunamos y partimos por el trillo que bajaba al arroyo. Luego subimos y descendimos hasta llegar al otro arroyo. Allí tuve una discusión con algunos que querían seguir arroyo abajo para llegar al río Jaguaní. Les dije que aquel camino llevaba hasta el río Naranjo y no al Jaguaní. Seguimos haciendo camino, bordeando la meseta de Iberia. Algunos cogieron un camino equivocado que los llevó hasta una peña, pero a gritos los hicimos regresar.

La peña de los perdidos.

La peña de los perdidos.

Por la tarde nuestro rumbo enfiló al suroeste y comenzamos a ver unos charquitos de agua en el preludio de un arroyo. Al fin apareció el arroyo, seguimos por él y nos detuvimos finalmente cuando un hierbazal a la izquierda nos propició hacer un estrecho campamento. Despejamos las incógnitas de dos trillos que llegaban por cada orilla del arroyo, pues ninguno llevaba directo al Jaguaní. Esa noche dormí nuevamente con fiebre.

Jueves 30 de julio del 2015

Al amanecer se ajetreó el campamento, y tras el desayuno, continuamos arroyo abajo, rebasando algunos trances difíciles. Prácticamente toda la jornada se nos fue caminando por el arroyo.

El arroyo del Jaguaní.

El arroyo del Jaguaní.

Pasadas las cuatro de la tarde los primeros tuvieron la aparición más feliz de la guerrilla: el río Jaguaní, con su cristalina y cálida corriente. Cinco jornadas en el monte fueron el preludio de la llegada a aquel paradisíaco lugar. El júbilo se fue generalizando a medida que llegábamos al río “más lindo de Cuba”. El baño de todos, el menú de arroz con carne y la acampada en un arenazo junto al río completaron la jornada, en la que varios malnombristas se me sumaron en la fiebre provocada por la apodada “Sandemia”. La nota mayor la puso el Griny con 40 grados de temperatura.

Practicando la navegación en el río Jaguaní.

Practicando la navegación en el río Jaguaní.

Viernes 31 de julio del 2015

Dos chubascos nocturnos pusieron a prueba a las tiendas de campaña y a Dany y a mí, que dormíamos a la intemperie. Al amanecer desayunamos, recogimos y nos alistamos, unos para navegar y otros para caminar junto al río. La navegación se fue tranquila, más bien esforzada por la necesidad de bracear bastante, pues a la zona más lluviosa de Cuba también había llegado la sequía y los rápidos no tenían la fuerza de ocasiones anteriores. Por la tarde nos reencontramos todos en el lugar “más lindo de Cuba”, según Yaser: Boca del Jaguaní, justo allí donde el Jaguaní junta sus aguas con las del Toa. Esa noche seis malnombristas teníamos fiebre de 38 o más. La “Sandemia” estaba en su apogeo.

En Boca del  Jaguaní.

En Boca del Jaguaní.

Sábado 1ro. de agosto del 2015

Con la claridad mañanera, nos alistamos los navegantes para seguir la contienda por las aguas del Toa. Once se fueron más temprano caminando, pues su guerrilla malnombrista ya estaba terminando. Ellos no irían a Salto Fino. La navegación volvió a requerir de nuestras esforzadas brazadas, aunque no faltó la diversión en algunos rápidos e incluso formamos trencitos en más de uno. Tampoco faltaron los ponches, pero una goma de efecto instantáneo nos permitió perder poco tiempo en los remiendos.

Por la tarde hicimos un alto en casa de Vilmedis, un buen amigo del Parque Alejandro de Humboldt. Él nos alertó de unas marcas que dejó en mayo pasado por la zona de Salto Fino, al abrir trillos por allá. Naranjas y piñas nos brindó el amigo como oportuna merienda. Acampamos más adelante, en una extensa playa de la zona del Naranjo.

Los caminantes llegaron más temprano y lograron contactar con cuatro malnombristas que se incorporarían al grupo para ir a Salto Fino. Tanto los once caminantes como el cuarteto abandonaron la zona sin vernos llegar. Los caminantes siguieron rumbo a Baracoa mientras el cuarteo volvió al poblado de Quibiján, donde nos esperaban desde el día 31.

Arroz amarillo, plátanos hervidos, carne en salsa y refresco nos regalamos como comida los que acampamos en el Naranjo. Mucha ropa dejamos tendida en la noche, con la intención que se secara sobre la arena.

Domingo 2 de agosto del 2015

Los 16 malnombristas que acampamos en el Naranjo, nos levantamos a las seis de la mañana, desayunamos, recogimos el campamento y partimos a pie en busca del poblado de Quibiján. La navegación había terminado. Cruzamos el Toa, atravesamos el caserío del Naranjo y seguimos por una extensa vereda que nos llevó hasta el río Quibiján, justo a unos metros de su desembocadura en el Toa. Allí tomamos Quibiján arriba, pero los tres de la retaguardia se confundieron de camino y fueron a parar al poblado de La Perrera.

Después de tres cruces del río, el grueso de la tropa subió por un escarpado trillo hasta el terraplén que parte desde la carretera Moa-Baracoa. Arriba llegamos hasta un consultorio médico y caminamos en bajada hasta el pueblo de Quibiján para hacer un alto en el bar-cafetería. Al poco rato llegó el perdido trío de la retaguardia, formado por Frank, Héctor y Edgardo.

Dejando al grupo en la cafetería, fui hasta la casa de un buen amigo que vive en la zona: Emilio Paumier. Por el camino me encontré con Mory y Liliana y en casa de Emilio con Mattari (el vasco) y Denis. Ellos conformaban el cuarteto que esperaba por nosotros desde el día 31. Al volver a la cafetería, el delegado del Poder Popular me insistió en que pasáramos la noche en Quibiján y me mostró un local dispuesto para nosotros. Le dije que no podíamos perder tiempo y partimos todos rumbo al arenazo que nos ha servido otras veces de campamento base en la búsqueda Salto Fino. Al pasar por casa de Emilio se nos sumó el cuarteto y perdimos algún tiempo en tomar una rica caldosa y jugar dominó en una playa.

Pasadas las cuatro de la tarde partimos por fin. Siete cruces de río y el fuerte ascenso de una loma que evita una larga curva del río, nos llevaron hasta el arenazo junto al Quibiján. Allí hicimos la acampada y cocinamos arroz.

Cruce del río Quibiján.

Cruce del río Quibiján.

Acampada en el arenazo del río Quibiján.

Acampada en el arenazo del río Quibiján.

Lunes 3 de agosto del 2015

Nos despertamos al clarear, desayunamos y ocultamos en el monte una parte de la carga que llevábamos, la cual no utilizaríamos en Salto Fino. Emilio llegó temprano con su mula, cargando los equipos llevados por Mattari, que nos permitirían bajar los grandes saltos de arroyo del Infierno.

Pasadas las nueve de la mañana cruzamos el Quibiján y comenzamos el ascenso de una ladera. Ya en el firme, tuvimos la primera visión de Salto Fino, cayendo a lo lejos frente a la pared de la meseta. Bajamos al arroyo del Infierno y en la otra orilla comenzamos un cruento ascenso por una empinadísima ladera. Luego de rebasar dos cañones sobre sendos troncos y ascender casi agarrándonos de la tierra, llegamos a alcanzar el monte, donde empezaba el trillo hecho por Vilmedis y sus acompañantes en mayo pasado. Emilio nos guió hasta aquel lugar y regresó por sus pasos.

Cruzando el arroyo del Infierno.

Cruzando el arroyo del Infierno.

Equilibrio sobre un tronco.

Equilibrio sobre un tronco.

Descanso al final de la inclinada ladera.

Descanso al final de la inclinada ladera.

Después de un necesitado descanso, comenzamos a andar por el firme. Era un ascenso alargado y sombreado, con algunas matas espinosas acosándonos. El camino, aunque algo maltrecho, se mantenía y en ocasione nos permitía ver Salto Fino a lo lejos. Terminando la mañana, pasamos un entronque en el que un trillo descendía por la ladera izquierda. Aquella senda debía llegar a Salto Fino abajo, pero nuestra meta inmediata era Salto Fino arriba. Una cinta amarilla atada a un tronco marcaba el lugar. Seguimos por el camino del firme, que a partir de entonces mostraba cintas amarillas cada cierto tramo, y llegamos a un mirador propiciado por la caída de varios árboles. Antes nuestras miradas, a la izquierda, el mayor salto de agua de Cuba se abría espléndido, más cercano de cómo lo habíamos visto hasta entonces en el viaje. Tiramos algunas fotos y descansamos un poco.

Salto Fino visto desde el mirador.

Salto Fino visto desde el mirador.

Luego continuamos, pero pronto el trillo abandonó el firme para comenzar a faldear por la izquierda, bajo una encumbrada vegetación. Llegamos a un trance bastante complicado, donde tuvimos que sacar una cuerda para facilitar el paso. El trillo en la inclinadísima ladera nos llevó hasta el fondo de un cañón donde primaba la roca sin capa vegetal. Un mal paso en el lugar podía traer graves consecuencias. Logramos rebasar el trecho y dejamos la cuerda atada para nuestro regreso al día siguiente. El paso por otros dos cañones complicó el avance y luego faldeamos un poco al borde de la meseta. Finalmente nos deslizamos sobre un trecho espinoso hasta caer en el ansiado arroyo del Infierno.

Un abandonado campamento marcado por algunos troncos cortados atados a los árboles y una cristalina y fría poceta eran el preludio del gran salto en su caída. Nos asomamos al borde del abismo y contemplamos en Salto Fino arriba un hermoso pedazo de serranía. Desde allí se precipitaba el agua unos trescientos metros para perderse en la profundidad de la espesura. Mattari, el vasco, sacó sus equipos de escalamiento y algunos se colgaron con arnés y cuerda a borde del abismo. Las fotos guardaron los emocionantes momentos. Era la segunda vez que Mal Nombre estaba en aquel exótico lugar.

Inicio de la caída de agua de unos 300 metros en Salto Fino arriba.

Inicio de la caída de agua de unos 300 metros en Salto Fino arriba.

Mal Nombre por segunda vez en Salto Fino arriba.

Mal Nombre por segunda vez en Salto Fino arriba.

Con la humedad reinante, la comida de esa noche no podía ser otra que puré de papas. Nos acomodamos como pudimos dentro de la estrechez del lugar y el cansancio ayudó al sueño.

Martes 4 de agosto del 2015

Amanecimos en Salto Fino arriba sin que la lluvia nos mojara como en otras ocasiones. La dura sequía paradójicamente seguía siendo nuestra aliada. Desayunamos y partimos por donde llegamos. Desandamos las inclinadas laderas, pasamos el trance del cañón complicado, recogimos la cuerda, subimos al firme, rebasamos el mirador y llegamos al entronque con el trillo que bajaba por la ladera del salto.

Quedándose el grupo a la expectativa, hice una exploración por el trillo, y aunque ya no aparecían la cintas amarillas, las marcas en los árboles no dejaban lugar a dudas del paso de humanos por la senda. Por allí partimos y nos enfrascamos en un zigzagueante y largo faldeo, poniéndose a prueba la fuerza de nuestros tobillos. Un cañón con algo de agua corriendo nos propició un descanso con energético incluido. Seguir las marcas no era tarea fácil y en ocasiones teníamos que regresar un tramo para reencontrarnos con las humanas señales. Pero la ruta era la ruta correcta y comenzamos a escuchar el murmullo del arroyo del Infierno.

Por complicadas laderas en busca de Salto Fino abajo.

Por complicadas laderas en busca de Salto Fino abajo.

Después de un complicado deslizamiento llegamos definitivamente a la base del salto. Salto Fino abajo ya era una conquista. También por segunda vez, Mal Nombre llegaba a aquel lugar.

Mal Nombre por segunda vez en Salto Fino abajo.

Mal Nombre por segunda vez en Salto Fino abajo.

Tras la alegría y las fotos, tuvimos que tomar una decisión antes las opciones de acampar allí o comenzar a descender arroyo del Infierno. Las dos de la tarde era una hora demasiado temprana como para quedarnos estáticos, por lo que iniciamos el descenso del arroyo, que incluye unos 20 saltos de agua.

El inicio del trayecto se mostró tranquilo, hasta que apareció un salto complicado. En él agarré una cuerda desde arriba y la gente fue bajando sosteniéndose de ella. Finalmente yo me valí de unos troncos para bajar. Más adelante nos vimos frente a un salto de unos siete metros de altura, que requería del uso de cuerdas. Mattari creó las condiciones y por primera vez la gente fue bajando a rappel. Mory, un miembro de la Sociedad Espeleológica de Cuba que junto con su esposa Liliana se había sumado a la expedición, ayudó a Mattari a poner a punto el descenso. Finalmente Mattari se lanzó en la poceta y continuamos la marcha.

Descenso con cuerdas de un salto de arroyo del Infierno.

Descenso con cuerdas de un salto de arroyo del Infierno.

Un último salto nos deparó la jornada, en el que un tronco atravesado nos sirvió a algunos para bajar por él. Otros se sostuvieron de una cuerda y las mochilas las bajamos también con la cuerda.

Pasadas las seis de la tarde, decidimos acampar en un sitio que brindaba muy poco espacio. Algunos sobre la piedra, otros en el monte y otros en un cañón, malamente nos acotejamos luego de “degustar” el último puré de papas de la guerrilla, previsto justamente para esas condiciones. Desde la tarde la fiebre me había vuelto y tuve que enroscarme en mi súper nylon, vestido con la poca ropa seca que tenía.

Miércoles 5 de agosto del 2015

No llovió tampoco esa noche y me desperté mejor de la “Sandemia”. Amanecimos dispuestos a “fajarle” a un buen salto de unos 10 metros, que teníamos a la vista. Mattari armó el tinglado de cuerdas y comenzó la gente a bajar. Ya otros íbamos aprendiendo a manejar la tecnología, lo cual propiciaba una mayor rapidez en los descensos de los grandes saltos. La balsa inflada de Fernando sirvió para pasar las mochilas sobre la poceta de abajo. El cierre del salto lo hicimos Mory y yo, bajando cada uno sin arnés, solo agarrados de la cuerda.

Amanecer en arroyo del Infierno.

Amanecer en arroyo del Infierno.

Ante un nuevo salto con un tronco atravesado, Mattari y yo nos lanzamos a la poceta y preparamos el paso de la gente. Algunos a rappel y otros a canoppy, la gente fue venciendo con disfrute el obstáculo. El rappel implicaba descender con los pies sobre la ladera soltando poco a poco la cuerda con la mano izquierda, mientras que en el canoppy se bajaba colgando en péndulo hasta el final, donde algunos debían sostener con firmeza la cuerda. Luego vino un salto en forma de túnel, tipo togobán, que descendimos a pie con las mochilas en las espaldas, y de inmediato otro que fue bajado con cuerda a mano y también las mochilas detrás.

Otros descenso en arroyo del Infierno.

Otros descenso en arroyo del Infierno.

En un nuevo salto con un tronco atravesado, Edgardo y yo bajamos a mano y nos afincamos al final en lo que Mattari preparaba la técnica. La gente fue bajando el salto a canoppy mientras más hombres se iban sumando al agarre final. Emilio, nuestro gran amigo, se apareció en el lugar llegado de no se sabe dónde y también se tiró en canoppy.

En un salto pequeño, pero complicado, Yaser pasó sobre las rocas mientras Edgardo y yo lo bajamos a mano para luego agarrar a la gente en el descenso, en medio del chorro del arroyo. Pasando el salto, rebasamos un desbarajuste de troncos con grandes raíces hasta llegar a una poceta.

Siguiendo el avance y ya pasado el mediodía, llegamos ante el mayor salto de arroyo del Infierno después de Salto Fino. Un primer descenso sobre rocas terminaba en una poceta y esta culminaba en el salto de unos 15 metros de altura, que se estrellaba en una poceta mayor. En unos pocos minutos y de manera increíble, Emilio descendió las laderas y se apareció en la base del salto. Mory lo siguió y también se le sumó abajo para ayudar en el descenso de gentes y mochilas. En lo más alto, Mattari ató la cuerda principal a una gran piedra. Frank, Héctor y yo descendimos hasta la primera poceta para ayudar a que la gente se ajustara el arnés antes de lanzarse al vacío. En Héctor ya era notable la destreza que iba adquiriendo en el uso de la técnica. Comenzó a bajar la gente hasta la primera poceta y luego a lanzarse por el salto. Los que arriba quedaban a la espera sufrían el frío de la humedad sobre los cuerpos y el acoso de los tábanos. Los hombres bajaron mayormente a rappel mientras las mujeres lo hicieron en canoppy. Las mochilas también las descendimos en canoppy.

Al concluirse la osada operación, reuní al grupo. Por delante teníamos un tramo suave de varios cientos metros de largo, pero después tendríamos que bajar un buen salto con técnica, lo cual sería causa de que nos cogiera la noche nuevamente en el arroyo, acampando en quién sabe qué condiciones. Dos opciones había por delante: seguir por el arroyo y acampar como fuera, o salir por un camino hecho por Emilio antes de llegar al nuevo salto grande y acampar en al arenazo del río Quibiján. Algunos defendimos la idea de bajar el arroyo hasta el final, pero al votarse, la opción de salir por el camino ganó 9 votos contra 8.

Sin perder más tiempo, rebasamos el tramo tranquilo, tomamos el camino a la derecha, subimos la ladera hasta el firme y bajamos por la otra ladera hasta el río Quibiján para cruzar su corriente y llegar al arenazo. A pesar de haber salido del arroyo, la idea de completar su trayecto el próximo día comenzó a coger calor. Esa noche comimos arroz, carne en salsa y refresco y nos entregamos al sueño luego de tres duras jornadas. Antes de la madrugada la lluvia hizo apareción y algunos sufrieron cierta mojazón dentro de sus tiendas de campaña.

Jueves 6 de agosto del 2015

Al amanecer, la idea de completar el arroyo era ya una convicción en algunos y después del desayuno nueve malnombristas nos dispusimos a concluir la misión, mientras el resto se quedaba a la espera en el campamento del arenazo. Uno de ellos era Yasiel, quien sufría una severa infección en una pierna.

Casi rayando las nueve de la mañana, los nueve cruzamos el Quibiján y ascendimos la ladera para luego bajar al arroyo del Infierno. Bety y María Libia representaban a las féminas en la aventura, mientras Dany, con solo 14 años, mostraba cuánto había crecido como guerrillero en las jornadas que llevábamos de guerrilla.

Comenzando a decender el arroyo, nos vimos abocados al gran salto que faltaba, de unos 12 metros de altura. Héctor ató la cuerda al tronco de un árbol mientras Mattari alistaba otros detalles del descenso. La bajada la hicimos a rappel hasta una piedra que sobresalía de la ladera. Ya estando allí, nos lanzábamos hacia la poceta en un salto de algo más de cuatro metros de altura.

Vencido el mayor salto de la mañana, seguimos la marcha hasta un salto sobre la piedra, el cual bajé a mano. Mattari ajustó una cuerda y algunos se aprovecharon de ella para llegar a la poceta que concluía el paso. Un gran tronco se apoyaba por un lado sobre la piedra y por el otro se afincaba en el fondo de la poceta. Comenzamos a avanzar sentados sobre el tronco en fila, y mientras Mattari filmaba un video, nos lanzamos todos a una voz en la poceta.

Descenso con cuerdas.

Descenso con cuerdas.

Descenso con nalgas.

Descenso con nalgas.

Solo unas decenas de metros nos restaban para completar el trayecto. Justo a las once de la mañana los nueve malnombristas nos lanzamos a las aguas del río Quibiján, completando así el último objetivo de la excursión. El resto de la mañana y parte de la tarde nos la pasamos de ocio todos en el arenazo y hasta nos dimos el gustazo de regalarnos un no habitual almuerzo. Aprovechamos también para secar toda la ropa que teníamos mojada. Pasadas las cuatro comenzamos el trayecto de regreso al poblado de Quibiján. La subida de la loma que evita la curva del río, sacó de paso a algunos que no la recordaban de cuando el viaje de ida.

Ya en Quibiján, acampamos en el local que nos había ofertado el delegado del Poder Popular, pues a esa hora no había transporte alguno para ir hasta Baracoa, que era nuestro último destino. ¡Menos mal aquel inusitado almuerzo de espaguetis en el arenazo!, pues nada tuvimos para comer en aquella noche de descarga a guitarra, maracas, bongó y luego sueño.

Viernes 7 de agosto del 2015

Un de pie temprano nos colocó sobre una camión a las seis de la mañana y una hora más tarde ya estábamos en la villa primada. La casa de Edgard y Maribel, dos viejos amigos del grupo, fue el recinto donde dejamos las mochilas para comenzar a recorrer Baracoa. El parque principal, la iglesia, el boulevard, El Cocal, La Casa del Chocolate, La Punta y el Malecón, entre otros sitios, sintieron la huella malnombristas en la jornada. De noche, la afueras de la Casa de la Trova y principalmente el ranchón nos vieron bailar sin importarnos el cansancio de tantas jornadas. Por supuesto que nuestros apetitos fueron saciados, luego de cargar con tanto hambre del monte.

Asalto a una pizzería en Baracoa.

Asalto a una pizzería en Baracoa.

Sábado 8 de agosto del 2015

De pie en el ranchón de Baracoa.

De pie en el ranchón de Baracoa.

Tras acampar, unos sobre el suelo del ranchón y otros en la casa de Edgard y Maribel, nos levantamos dispuestos a cumplir una última y no prevista meta: llegar hasta el tibaracón del río Toa. A las diez de la mañana nos vimos junto al puente del río Macaguanico, y como no tuvimos un transporte a mano, decidimos partir a pie a un alargado trayecto. Atravesar el barrio del Turey y bordear la pista del aeropuerto nos llevó hasta el monumento erigido en honor a la expedición que trajo a las costas cubanas a Maceo y sus acompañantes el 1ro. de abril de 1895. Luego recorrimos toda la zona de playa que va desde el tibaracón del río Duaba hasta el del Toa. Ya en la desembocadura del Toa, jugamos con las fuertes olas del mar, nos sumergimos en el canal que conecta al Toa con el mar y nos bañamos un rato en la laguna que hace el Toa frente a la larga faja de duna que forma el tibaracón. Como despedida de viaje, la fiebre me volvió en aquel lugar, llegando casi a los 40 grados de temperatura. También Adrián sufría los últimos embates de la “Sandemia”.

En el monumento al desembarco en Duaba.

En el monumento al desembarco en Duaba.

Caminata por la extensa playa entre los tibaracones de los ríos Duaba y Toa.

Caminata por la extensa playa entre los tibaracones de los ríos Duaba y Toa.

Finalmente caminamos hasta la carretera Moa-Baracoa y por esta hasta más allá del puente del Duaba para luego transportarnos hasta la villa primada. En la última noche paseamos un poco, hasta que el cansancio y el sueño nos lanzaron sobre el césped de la casa de Edgard y Maribel, donde caímos rendidos.

Domingo 9 de agosto del 2015

Tras un de pie agitado, fuimos hasta el parque que está al frente del Comité Municipal del Partido en Baracoa y a las siete de la mañana partimos en la misma guagua que nos llevó a tierras orientales. Veintiuna horas duró el trayecto en el que hicimos la reunión final, eligiendo como “Novatos del Año” al Dany y a Yasiel, y como “El Más Popular” al propio Dany. Después decidimos que en la Isla de la Juventud haremos la guerrilla de verano del año que viene y concluimos haciendo un bromista resumen de todo lo acontecido.

Lunes 10 de agosto del 2015

El parque de H y 21 en el Vedado se vio asaltado a las cuatro de la madrugada por un piquete de desaliñados excursionistas, que nos bajamos de una guagua proveniente de Baracoa. Concluía así la guerrilla de verano número 28 del grupo Mal Nombre. Disímiles serían las historias por contar de tan osada excursión. Pero lo más importante, Mal Nombre siguió ampliando su derrotero y estrechando lazos de amistad en este inacabable periplo por el bello caimán cubano.

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