A pura guerrilla en el Río Nibujón

(Primeras impresiones de un excursionista novato)

Por Rubiel De la Cruz Rabí (Grupo CeroFallos, de Moa). Dos días de excursión de tres miembros de CeroFallos con el grupo Mal Nombre.

Enfrentar en autobús los más de 800 kilómetros que separan La Habana de Nibujón, parecen que no son suficientes para aniquilar las ganas de descubrir “a pura guerrilla” y a corazón abierto, los más inhóspitos parajes de esa especie de oasis oriental, cercano a la ciudad de Baracoa.

Ya en 2013 realizaron una cruzada a esta parte de Cuba. La Loma de la Cruz en la Ciudad de los Parques fue testigo de un periplo que pasaría por vencer los obstáculos del Pico Cristal, disfrutar del Salto del Guayabo en Mayarí y que terminaría en la Primada de Cuba, después de navegar en balsas por las aguas del Jaguaní.

La carretera es capaz de opacar cualquier energía y más cuando se viaja a un extremo de la isla, por lo que un breve auto análisis me arrojó que vería después de tan largo viaje, a unos cosmopolitas preguntándose la sensata razón que los trajo a estas lejanas tierras.

Por suerte no fue así. De paso por Moa y rumbo a Nibujón, a una más de sus atrevidas excursiones, pude distinguir sin temor a equívocos, a los habaneros más chéveres que he conocido alguna vez.

Primeros pasos de un itinerario calurosamente calculado

Dos horas sobre ruedas nos tomó llegar al origen de todo y un buen tiempo llevó prepararse para iniciar la marcha, destinada en un principio a acampar en la cabaña del Lechugo, metros después de Madre Vieja, una de las áreas que introduce al enorme diapasón de la zona.

Caminata en la primera tarde, Nibujón arriba.

Caminata en la primera tarde, Nibujón arriba.

Sin embargo, pasado el charco de Faustino y cruzado hasta seis pasos de río, se localizó el punto ideal y posible para franquear la noche y disfrutar una vez por todas de las aguas del “Nibujón”, río de montaña y que para Sandelis, líder de la Guerrilla Mal Nombre, no tiene comparación.

Lo negativo en “la tropa” solo va curiosamente en su nombre. Entre ellos impresiona la organización. Divididos en tres equipos, los grupos se encargan de la comida, el desayuno y la retaguardia, velar los unos por los otros es fundamental, así no se fuerza a llevar el mismo paso por muy extenso que sea el camino.

Los alimentos son de conservación y energéticos. Cuidadosamente en pomos guardan lo necesario para subsistir: arroz, fideos, leche, chocolate, azúcar, maní, latas y galletas, todo eso incrementa el peso y la carga pero en las mañanas se juntan los bultos y son distribuidos a cada cual según su cooperación, a cada cual según su capacidad.

La primera noche en Oriente es de espaguetis con latas de carne en conserva. Después de terminado el manjar, Sandelis convoca al “tiroteo”, una especie de canto de guerra añorada por el clan y en cuyos disparos nadie sale privilegiado pero que se traduce en alivio para los estómagos y pone en espera la orden para el doble.

Cada cual se instaló como pudo a la orilla del río, donde las tiendas de campaña dibujaban un peculiar asentamiento, mientras que para algunos la oscuridad no los privaría del chapuzón nocturno. Los tres moenses infiltrados acomodamos nuestras resistentes y muy prácticas hamacas de confección casera, a la espera de lo que nos depararía el siguiente día.

La marcha

Bien temprano, la mañana del domingo 26 de julio, otro de los equipos se encargaba del desayuno, mientras, el resto del grupo preparaba la partida de un recorrido que prometía numerosas aventuras.

Unos minutos de atraso bastaron para recordar anécdotas que guardan a montón los habaneros y además repasar los mapas y las posibles rutas para alcanzar el objetivo. La idea era no alejarse del trayecto original, los moenses más “experimentados” y conocedores del lugar servirían como guías de campo y a los que algunos jocosamente les echarían la culpa si nos extraviáramos.

Echar a andar por esos caminos da la sensación de libertad más real que se pueda experimentar en el entorno natural. Tienes tiempo para observar, meditar y al mismo tiempo analizar cuáles son las mejores opciones para bordear los tramos. No habíamos ido tan lejos cuando tras una curva y las primeras vistas de un fabuloso paisaje, realizamos el primer descanso.

Efectivamente: el río estaba espectacular y con el pretexto de almacenar agua, pues era el último paso antes de seguir, nadie dudó de darse un buen chapuzón, tirarse desde un peñasco y tomarse algunas fotos para el recuerdo.

Junto al Nibujón en la segunda jornada, por la zona del Lechugo.

Junto al Nibujón en la segunda jornada, por la zona del Lechugo.

Después del auto convencimiento, y mochilas al hombro transitamos un largo recorrido por veredas que nos condujeron hasta un lugar definitorio: el camino de Perico. Este era un punto referencial en la zona, pues tomarlo nos alejaría del propósito inicial, por lo que luego de hacer una corta exploración se decidió marchar por el lado del río, la única forma de que luego de pasar las famosas Y, permitiría acampar esa noche en las cascadas.

Lugar donde se dejó el camino de Perico para seguir por el caue del Nibujón.

Lugar donde se dejó el camino de Perico para seguir por el caue del Nibujón.

Transitar por el río tiene sus dificultades, las piedras pueden representar un calvario para cualquiera y se debe ser muy selectivo al momento de escoger donde apoyarse para no provocarse accidentes, aparte de que en los primeros metros todo era muy resbaladizo. El cansancio es un Goliat que todos están dispuestos a derrotar pues eso distingue a los excursionistas.

Una de las curvas serviría de descanso temporal y mientras Sandelis cortaba lo que desde el punto de vista energético significaba un delicioso manjar, los maníes, los más rezagados se incorporaban a hidratarse porque aún estábamos lejos y tendríamos que sortear otros escollos inesperados.

Y si de energía se trata, llama la atención lo que denominé el polvo mágico y que aprendí de los visitantes. Consiste en utilizar galletas de sal, leche en polvo y chocolate y fusionarlos en la batidora, el resultado es un delicioso pero práctico energizante.

Venciendo el Paso de los Tritones

Ir río arriba puede ser una empresa complicada, y más cuando las sendas de tierra se terminan. Ansiosos por llegar a la primera Y como una forma de orientarnos mejor y auto complacernos que íbamos por el buen camino, llegamos al Paso de los Tritones, donde solo se podía pasar a brazadas puras.
Lo primero fue determinar cuán lejos se podía llegar a nado y empezar a inflar las balsas para asegurar el traslado de la mochila y que nada de valor se mojara. Rápidamente se contaron con unas cuatro y poco a poco trataban de mover los equipajes. En ese primer punto resultó que solo podía llegarse hasta la mitad pues las piedras impedían el recorrido por lo que hubo que armar un equipo que recibiera los bultos y los llevara hasta el final.

Experimentados al fin, cada excursionista protegió en nailon su mochila aunque el movimiento en balsa se hacía con mucho cuidado. Demás está decir que el infortunio paralizó por completo el ritmo de la caminata y más cuando aparecieron dos pasos más intransitables.

En el Paso de los Tritones, rebasando una de las pocetas con la organización del grupo.

En el Paso de los Tritones, rebasando una de las pocetas con la organización del grupo.

El segundo no demoró tanto por ser bastante corto aunque profundo, sin embargo el tercero, además de ubicarse entre unas laderas resbalosas, sucedía a un pequeño salto de agua cuya corriente obliga a defender la técnica de los salmones.

Cargando mochilas en el Paso de los Tritones.

Cargando mochilas en el Paso de los Tritones.

Ante nuestros ojos vislumbramos el sol y la posible Y en la curva, por lo que vencer esta prueba supondría ubicarnos en una posición ventajosa según el mapa y cuando faltaban solo minutos para que cayera la noche: un lugar para acampar se necesitaba urgentemente.

La curva resultaba un poco molesta y sin las condiciones ideales para asentarnos, sin embargo estos guerrilleros saben muy bien como transformar lo agreste en un lugar transitorio para descansar y de inmediato se dispusieron a preparar la comida, empresa difícil por reposar entre laderas mojadas y de flora verdosa, no aptas para prender bien el fuego.

Algunos lograron establecer sus tiendas de campaña como pudieron, mientras los moenses en una cima logramos instalar nuestras hamacas, en lo que constituyó mi primera noche en las alturas.

Acampando en un sitio bien complicado.

Acampando en un sitio bien complicado.

Una travesía incompleta

Justo en el año en que nací, ya un grupo de jóvenes de la CUJAE, en La Habana, dieron riendas sueltas a su pasión por el excursionismo. Cuba es una isla hermosa y enigmática; redescubrirla es parte del empeño de estos entusiastas por la naturaleza.

Ya son varias las generaciones de Mal Nombristas que han pasado, muchos los niños que nacieron en parejas formadas en diversas aventuras, son ellos los que más energías derrochan y quizás los que más cosas tienen que contar en sus escuelas de sus activas vacaciones.

Por eso no faltan a quienes se les ha tachado de mentirosos en sus aulas al decir que visitaron a tan corta edad lugares que muchos aprecian solo en revistas y periódicos y otros que no dependen de la prensa para recortar imágenes de la naturaleza y colocarlas en sus trabajos escolares, porque guardan sus memorias fotográficas en esos parajes.

Si dije anteriormente que impresiona su organización, también resalta la unidad, las nulas oportunidades para proferir cualquier situación de desagrado y las conversaciones frescas a las que cualquiera puede unirse, en todo ello tiene mucho que ver Sandelis, capaz de impregnar a los jóvenes un espíritu más joven aún y de no ver por muy peliagudo que parezca, algo difícil de resolver, imposible de lograr.

Lunes 27 de julio. No sabíamos el lugar final de Cuba en los Juegos Panamericanos de Toronto ni cómo se desarrolló el Acto por el 26 en Santiago pero la travesía debe seguir y los tres moenses no seguiremos a bordo. Cuando se publiquen estas líneas ya habrá terminado y en espera de que algunos de ellos nos cuente el resto de la historia.
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