El Jardín de Aspiro

La Impedimenta
Grupo de Amigos Excursionistas y Guerrilleros

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Cuarto viaje (agosto de 2015)

“Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos, es el progreso. Trabajar juntos es el éxito”

Participantes:
Darien- Lisset (la china)- Narjara- Katia- David Chico Jr-Abelito-Darel-Anet-Alex-Mónica-Yaismel-Karel-Gretchen-Amed (hermano de Narjara)-Osvaldo y Yusley (compañeros de trabajo y amigos de Yaismel y Karel, que aprovecharon nuestra expedición para celebrar el 30 cumpleaños de Osvaldo)

Los antecedentes

Nuestro viaje al Jardín de Aspiro comenzó una vez más en una mesa del comedor del CIM, donde 12 amigos, en representación de todo un grupo, se reunían para planear la próxima aventura. El plan original era visitar el cañón del río Santa Cruz, pero fuimos alertados del peligro de ir en época de lluvias, y el grupo decidió cambiar la hoja de ruta a donde no fuéramos arrastrados por un río crecido. La nueva sugerencia vino de Hainer (CIGB) quien además nos indicó el mecanismo para ir desde 100 y Autopista hasta Pinar del Río, y luego para adentrarnos en el pueblo de Aspiro, en las proximidades de la Sierra del Rosario en el camión del primer Noel. Le digo así, porque los que han utilizado este mecanismo sabrán que una vez llegados al jardín de Aspiro, deben buscar a un segundo Noel, quien podrá facilitarles un espacio para montar el campamento, cocinar, etc. Este no tiene teléfono, por lo que solo lo veríamos una vez llegáramos, a riesgo de que no estuviera o tuviera otros visitantes. Fue un riesgo que acordamos correr.

En esa reunión además, decidimos, teniendo en cuenta la unidad alcanzada por nuestro gran y creciente grupo de amigos, y nuestros planes de seguir compartiendo aventuras, que era el momento de bautizarnos oficialmente y asignar funciones a cada cual según su disposición. El nombre no se hizo esperar, cuál otro podría ser teniendo en cuenta las características físicas de la tropa y el recuerdo de sus orígenes: “la Impedimenta” (nunca antes en la historia del excursionismo un grupo de jóvenes habrá estado más entusiasmado de pertenecer a un clan con semejante nombre). Las funciones también eran claras al recordar las experiencias previas: Katia (quien además fue la única en llevar papel y pluma al almuerzo) fue designada secretaria organizadora del grupo; Lisset, quien con alivio acababa de terminar su trabajo de tesorera del núcleo del sindicato, fue designada tesorera del grupo, misión que aceptó a la vez resignada y divertida. Alex fue nombrado druida oficial; Mónica responsable de la planificación de actividades recreativas e instructora de yoga matutino; Yaismel, jefa del transporte de personas y celulares. Darien se resignaba a ser nombrado jefe de un grupo que según su criterio, no necesitaba semejante responsable, así que lo definimos como coordinador de actividades (que no es lo mismo, pero es igual… de acuerdo con Silvio). Y finalmente, toda aventura necesita ser contada para ser apropiadamente recordada, así que necesitábamos un cronista. Ciertamente, creo que cualquier otro miembro del grupo pudiera hacerlo mucho mejor, pero yo pedí esa responsabilidad con tanto embullo que nadie fue capaz de negarse, y me lo permitieron con la condición de que escribiera menos de lo que hablo (cosa que evidentemente no sucederá).

Volviendo a asuntos de logística, esta vez habíamos acordado reducir la cuota de alimentos, basados en la experiencia de Canasí, a un paquete de espaguetis por persona, dos latas grandes de carne (una para cada comida) y una lata de leche y pasta de tomate por cada dos personas; lo demás (maní, café o té, chucherías, galletas, dulce de guayaba) corría por la iniciativa y posibilidades de cada quien. Para facilitarnos las compras en días de trabajo, nuestra eficiente secretaria planificó lo necesario, mientras que la tesorera calculó gastos y reunió el dinero de todos para los insumos y, de ser posible, para el transporte. Además, conocimos que era tradición de los grupos que visitan el Jardín de Aspiro sembrar un árbol para contribuir en la reforestación de la Sierra del Rosario (afectada por incendios forestales). Darien y Mónica se compraron la tarea de conseguir una planta para sembrar, y volvieron con un limonero.

Los ausentes

Felipe y Larianne nos abandonaron, muy a su pesar, por un viaje familiar a Camagüey, con la promesa de no perderse uno más. Katia Sosa y Sergio se nos pasaron por un malestar de rodillas. Nuestra Lily, que por la fecha incursionaba en la gimnasia, se lesionó la rodilla de tal forma que le impidió participar del viaje. Ah, y también nos abandonó el limonero, olvidado junto al fregadero de un laboratorio, en el apuro de no perder el transporte.

¿A dónde van? ¡Al Jardín de Aspiro!

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Para no sacrificar días de vacaciones decidimos partir el viernes después del trabajo. Algunos que necesitaban otros preparativos decidieron encontrarnos en el punto de embarco de los camiones: 100 y Autopista. La responsable de transporte llegaría antes para cuadrar el transporte de ida y, de ser posible, de regreso. El resto, llegaríamos antes de las 6:00pm. Todo sucedió según previsto, excepto por un problema de orientación que llevó a nuestro pobre druida al punto opuesto de la autopista por algunos minutos. El transporte reservado nos agitaba pues no podía seguir esperando, preguntando si nos íbamos o esperábamos al retrasado. Si alguien que lea esta crónica no estuvo presente, en este punto, ya puede adivinar lo que sucedió, verdad.

Cuando llegó el faltante tomamos un segundo camión que nos llevó en un viaje interminable, hasta el puente de Taco-Taco (vaya nombre!), donde el primer Noel nos recogió cerca de las 8:00pm, ya puesto el Sol y empezando a oscurecer, regañándonos por la demora – a esta hora no van a ver nada, con lo bonito que es esto aquí, no sé cómo van a montar su campamento – decía mientras nos llevaba primero por el pueblo de Santa Cruz, y luego por carreteras de difícil acceso y rodeadas de ramas que nos hacían bajar las cabezas a cada rato. En ese momento creíamos estar en camino al campismo de Santo Domingo, como en nuestro primer viaje.

Noel, el segundo

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El primer Noel, al atravesarse el río, nos abandonó a la entrada del campismo de Jardín de Aspiro bien entrada la noche. A luz de linterna nos dispusimos a encontrar la casa del segundo Noel, o en su defecto, un lugar para acampar.

Al avanzar en dirección a la luz de una casa, salió a nuestro encuentro un señor alto y delgado rodeado por los intranquilos perros de la casa. Se identificó como Noel (el segundo), escuchó a Darien explicar el porqué de nuestra presencia, las buenas recomendaciones de Sandelis, y excusarse por la hora y el imprevisto. Al parecer Noel había recibido antes grupos con características similares, pues se mostró tranquilo y su respuesta fue breve y precisa: -Vengan pa´ca. Dejen los bultos en el ranchón y si tienen tiendas de campaña las pueden armar fuera o dentro del ranchón, donde quieran. Y para mayor sorpresa nuestra añadió -¿Tienen qué comer (la respuesta era sí, una vez más habíamos traído comida preparada para la noche), no quieren comer algo? Así conocimos a Noel, así nos instalamos en el césped de la casa donde vivía y compartimos comida y agua en el ranchón. Contemplamos por un rato la belleza del cielo estrellado (que siempre parece ser otro en el campo, por la falta de luces artificiales). Sin energías para más, nos fuimos a dormir cerca de la medianoche, después de cantarle felicidades a Osvaldo, esperando la llegada del sábado para pedir a Noel orientación de qué lugares visitar y qué hacer en el Jardín de Aspiro.

Un sábado para no olvidar

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La mañana del sábado nos encontró destruidos, pero ansiosos. Por primera vez pudimos apreciar bien el río, la loma situada detrás del Campamento Espeleológico y la casa donde dormía Noel. Después del café (colado con la consabida media hervida) y el desayuno, nos alistábamos para salir cuando se nos aproximó Noel, vestido con sus ropas militares (pantalón, camisa y gorra verde-olivos y botas) y nos propuso un viaje guiado por las lomas, las cuevas del lugar y el río Taco-Taco. De inmediato nos entusiasmamos por la inesperada propuesta y antes de darnos cuenta ascendíamos una de las lomas Serrano que forman parte del sistema montañoso de la Sierra del Rosario, detrás del paso ágil de Noel. Tras subir a una altura de 75 metros aproximadamente nos detuvimos frente a un agujero por el que descendimos para comprender que no era otra cosa que la entrada de una de las cueva Serrano, que Noel había descubierto al rescatar un perrito caído durante una cacería de jutías, y que había estudiado con su equipo durante años (nos confesó incluso haber mantenido por meses un laboratorio con equipos y computadoras dentro de la cueva, del que solo salían para comer). En ese lugar recordamos o aprendimos que las cuevas son sistemas de drenaje o escurrimiento natural del agua, que a su paso va presionando y rompiendo capas del suelo. Aprendimos que el color de las rocas en las cuevas depende de la acumulación de sales minerales que el agua arrastra a su paso: rojo para el hierro, azul para el cobre, blanco para los carbonatos de calcio (- ¡Y dónde sea dorado, ay mamá!-bromeamos). Descubrimos que las marcas horizontales a lo largo de las paredes de las cuevas (y que son simétricas a ambos lados) son el resultado de la acumulación del agua a esos niveles por mucho tiempo, y que la profundidad de estas hendiduras es proporcional a este tiempo de estancamiento del agua, que termina cuando el suelo debilitado cede y el nivel de la cueva desciende. –Es por esto que el estudio de las cuevas no termina nunca- explicó Noel- a cada instante estamos parados sobre un “falso piso” que puede colapsar en cualquier momento y dar origen a una cueva totalmente diferente. También aprendimos qué son las furnias, chimeneas naturales de las cuevas con origen en la superficie, cómo se forman las coladas, las estalactitas, las estalagmitas, las columnas o pilares (uniones entre una estalactita y una estalagmita, de las cuales Cuba posee la mayor, con 60 metros de extensión) y las estalactitas excéntricas, curiosas estructuras que crecen desafiando la gravedad, en cualquier dirección. Y por si no era suficiente emoción, Noel nos condujo por las gateras de la cueva, que como su nombre lo indica, deben recorrerse a gatas o en posición de sapitos (o incluso a rastras en algunos tramos) para llevarnos al “corazón de la cueva”, una maravillosa colada con forma de corazón, cubierta de sales y humedad que le dan un hermoso brillo. Aquí no pudimos evitar tomar unas cuantas fotos de grupo. Los conocimientos de espeleología de nuestro guía son interminables e imposibles de resumir en una crónica, por lo que es una suerte que Noel tenga la intención de convertir la cueva en un Museo de Ciencias Naturales de espeleología, proyecto en el que esperamos poder ayudar en cuanto sea posible. Fue tanto nuestro entusiasmo por las cosas aprendidas que Noel se comprometió a cuadrarnos una expedición al sistema cavernario de Santo Tomás (el más grande de Cuba) en el mismo Pinar del Río. –No se preocupen que esa va por mí – agregó.

Al salir de la cueva, fuimos conducidos a la cima de la montaña (aproximadamente 300 metros más arriba), donde la vegetación de árboles ha desaparecido producto de incendios que buscan convertir esos espacios en terrenos de siembra. Avanzamos hasta un árbol de aguacates donde descansamos y compartimos una inusual (y riquísima) merienda de aguacates con limón y sal. Al descender por la parte opuesta de la loma avanzamos entre piedras y plantas irritantes como el chichicate y … (que a más de uno nos causó un ardor insoportable) hasta un paso estrecho donde Noel nos anunció: -por acá hice yo bajar a la tropa de Sandelis con sogas y arneses (estando a una altura de más de 15 metros y considerando las insuperables habilidades físicas de nuestro clan, la idea era un poco preocupante), pero a ustedes los voy a llevar por el camino fácil, la escalera de piedras que está a la izquierda.

Los que estaban justo detrás suyo pudieron ver la escalera de piedras y de pronto la idea de los arneses no era tan mala. Él percibió el ambiente y nos infundió valor afirmando que aquello era una bobería comparada con los montes que él había enfrentado en varios países, y que aquel era además, un camino preparado por él para ese tipo de viajes. Al verlo descender sin dificultad como un gato montés y explicarnos cada paso, pareció que no era tan difícil después de todo. Y un pie aquí, una mano allá, bajamos de uno en fondo como verdaderos alpinistas, algunos tras encomendar sus almas al Señor, otros rogando que sus madres nunca fueran conscientes de su posición actual. Pero el temor se fue volviendo excitación a medida que llegábamos al final, y cuando el último tocó tierra celebramos con aplausos y risas, como si acabáramos de lograr una gran proeza.

En ese punto, la idea inicial era que llegáramos a una cascada o a otra cueva pero el tiempo anunciaba lluvia y la crecida del río nos hizo conformarnos con un salto de agua. Al llegar al salto, casi con desesperación nos lanzamos sobre él, su agua fría como del refrigerador fue todo un placer en una tarde tan calurosa y agitada. Algunos se lanzaron por accidente, como el David y el druida (Alex), arrastrados por la corriente tratando de saltar entre las piedras. Entre saltos, clavados y algunos “romanceos” estuvimos hasta que nos alcanzó un torrencial aguacero (que nos había estado rondando toda la tarde). Mojados del río y bajo el aguacero regresamos al campamento donde nos dimos un baño de manguera a la intemperie mientras nuestros chefs (Alex y Darien) y sus ayudantes de cocina (o ayudante, porque esta vez solo les quedó Mónica) preparaban una espaguetada que supo a gloria ¡Vaya mañana y tarde las de ese día!

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La descarga (sin Julio Acanda)

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Esa noche, Noel se nos apareció guitarra en mano, proponiéndonos una descarguita para pasar el rato. Y para nuestra sorpresa, comenzó a tocar con verdadero virtuosismo, animándonos a cantar su amplio repertorio, que incluía boleros, trova, feeling y casi cualquier género que le pidiéramos. Caridad, La señora y los niños de la casa también nos acompañaron esa noche, compartiendo con nosotros la buena música y un sabroso vino casero de (cáiganse para atrás) flor de majagua, sin dejar de mencionar el trago surgido del Barman-Chef Darien, “espérame en el piso” que a pesar de las críticas por su dureza fue bebido hasta la última gota. Fue sorprendente descubrir cómo varios miembros del grupo (incluidos nuestros niños) sabían la letra de canciones tradicionales como “Dame un beso” o “Tristezas” (primer bolero de Cuba, de Pepe Sánchez) y también otras más moviditas (“Ahora sí tengo la llave”). En algún punto, propuso a las parejas del grupo que se dedicaran canciones entre sí, y sonaron canciones como “Somos novios”, “Contigo aprendí” y “Delirio” (y alguna que otra broma como “El rey” y “19 días y 500 noches”). Finalmente, canciones como “Guantanamera” y “Cuba, qué linda es Cuba” fueron aprovechadas para explotar el talento para improvisar de algunos miembros del grupo. Vale mencionar al bajo de David, mejoró el sonido al coger uno de los pomos de agua vacíos. ¡Vaya noche la de ese día!

Las últimas horas

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El cansancio del día anterior nos impidió levantarnos antes de las 9 de la mañana, con lo que no quedaba tiempo para mucho, porque habíamos cuadrado el camión de regreso para las 4 de la tarde. Acordamos volarnos el almuerzo que nos quitaría mucho tiempo y después de un desayuno reforzado (esto es irónico, porque la mitad del grupo estuvo esperando por dos horas en el pueblo, y volvieron con 1 pan con queso para cada uno) fuimos conducidos por Noel a unas pocetas del río. Eran más de las 12 del día y Darien cada 5mn decía- salimos en 15mn-al final no sé a qué hora salimos. El agua tendría unos 20 grados más o menos (una delicia en ese mediodía de agosto, con 35 grados de calor). Lo más impresionante del lugar era un pequeño salto de agua, con una presión increíble, capaz de arrastrarnos río abajo varios metros cuando nos acercábamos mucho. Alguien pensó: -¿Cuántos de nosotros seremos necesarios para detener esa corriente? (¡A averiguarlo se ha dicho!). Dicen que detener la corriente de un río es imposible (mucho más en las fuertes corrientes de un salto), pero créanme cuando les digo, que si tus amigos están a tu lado para buscar la fuerza en la unidad, entonces intentarlo vale la pena. Solo decir que el momento fue propicio para ver algunos “filos”, algunos un poco desfilados, pero bueno el rio no cree en cuerpos.

¿De dónde vienen? Del Jardín de Aspiro

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Al regresar al campamento sólo quedaba tiempo para recoger y salir andando. Pero Noel y Caridad debían sorprendernos una vez más, esta vez con sus dotes culinarias (¡qué personajes!) Nos ofrecieron una bandeja de frutos del pan y una salsa de tomate y chicharrones de puerco que sabía tan bien como se lee (o mejor). Durante el improvisado almuerzo comentamos con Noel lo genial qué había sido nuestro fin de semana gracias a su ayuda, lo maravilloso qué era conocer personas buenas y sanas por naturaleza, como él y Caridad. En plena despedida nos sorprendió el camión de Noel, el primero, anunciando que nuestras aventuras una vez más llegaban a su fin. Y así nos fuimos del Jardín de Aspiro, con recuerdos y emociones inolvidables, con la alegría de habernos hecho de un amigo fascinante como Noel, quien desde luego ya era miembro honorífico de la tropa. Y con la promesa de regresar.

Los post-viaje

Cuando Noel el primero nos dejó en la autopista algunos pensamos que terminaríamos armando las casas de campaña bajo el puente de Taco-Taco (esta vez se nos cayó el camión de regreso). La tarea de parar cualquier cosa estaba a cargo de las que mejor vista tienen en el grupo (o sea, cualquiera menos la china y yo), con la esperanza de que le sacaran la mano a todo lo que pasara. Por suerte la espera duró solo 1 hora y a las 6pm estábamos cogiendo un camión rumbo a 100 y Autopista. En el camino de regreso le cantamos felicidades a Anet por su cumple que era el día siguiente, bajo las miradas de sorpresa de los demás pasajeros (creo que no les gustó mucho como cantábamos, pero después de la serenata nocturna, no teníamos garganta para más).

Entre los que quedamos al final de esta travesía (donde por casualidad nos dividimos en 3 grupos de 4, que tomaron diferentes direcciones) se le asignó la tarea a David de diseñar la imagen del grupo que incluye: color para un pullover y una imagen de logotipo. Además, pensamos incorporar una frase como lema que someteremos a votación.

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