Cañón del Santa Cruz con la CUJAE

Una excursión con dirigentes de la UJC y la FEU de la CUJAE, y otros estudiantes

Por Sandelis

Cañón del Santa Cruz 4

En la reunión de constitución del movimiento de excursionismo en la CUJAE propuse hacer una excursión con dirigentes de la UJC y la FEU del Instituto. Luego, conversando con Janett, quien quedó al frente del movimiento en la universidad, acordamos hacerla para el cañón del río Santa Cruz.

Sábado 27 de febrero del 2016

Una reunión de trabajo me impediría salir con el grupo de cujaeños a las 7 de la mañana, que era la hora pactada para iniciar la excursión. No obstante me presenté en el punto de salida, el habitual Cien y Autopista a Pinar del Río, y cuadré un camión para que llevara a la tropa hasta el inicio del camino de monte en la carretera intramontana de la Sierra del Rosario, cerca del poblado de Cinco Pesos.

Partí a mis obligaciones mientras 26 guerrilleros se iban rodando por la Autopista, con Janett de jefa. En la composición del grupo había estudiantes de varias facultades y resaltaban unos españoles y alemanes, que estaban de postgrado en la CUJAE. Del viaje lo más interesante fue el alto en el puente de Candelaria. Mientras les compraban a los vendedores del lugar, se formó un corretaje al pronunciarse la palabra “Agua”. Esa era la forma de avisarse de los vendedores cuando llegaba la policía.

Siguieron el viaje sin más hechos llamativos, tomaron a la derecha en el puente de  San Cristóbal, se adentraron en la serranía del Rosario, doblaron derecha en la intramontrana y se bajaron al inicio del camino, en el lugar conocido como “Los Morejones”. La caminata de unos cuatro kilómetros hasta el río Santa Cruz les sirvió para sentirse de guerrilla; para algunos ese era su estreno. Un largo tronco servía de complicado paso de la corriente. Unos se arriesgaron sobre él y otros lo hicieron saltando sobre piedras. Fermín se dispuso a ayudar y resbaló cayendo de nalgas sobre el agua. Del otro lado cogieron a la izquierda y subieron hasta la casa de Tomás. Este estaba pasando unos días en San Cristóbal y los recibió hospitalariamente su hijo Alexis.

A las diez de la mañana partí yo desde el Vedado en un cómodo Geely, con Andrecito al timón, un buen chofer de mi trabajo. Rodando ya por la Autopista, justo cuando sacaba mi celular para llamar a Eledys, recibí una llamada suya. Ella y Ailet debieron partir un poco después del grupo y yo debía recogerlas por el camino. Pero resulta que aún estaban en casa de Eledys y les faltaba sumar a Sajay. Como Andrecito debía regresar pronto a cumplir otra tarea y yo no podía retrasarme pues sería el guía de la subida a la peña esa tarde, le dije a Eledys que ya me era imposible virar a buscarlas. Siguió el viaje del Geely a más de 100 kilómetros por hora.

Pasando el puente de Candelaria, Andrecito se acercó por detrás a un carro que iba por el extremo izquierdo de la vía. Como el chofer no mostraba intención de quitarse, Andrecito tomó la senda derecha y comenzó a rebasarlo. Justo en ese momento, el chofer delantero timoneó a la derecha. En fracciones de segundo, Andrecito lo esquivó más a la derecha, dos ruedas de nuestro carro rodaron por la cuneta y de inmediato el diestro Andrecito volvió a retomar la Autopsita. Acabábamos de librarnos de una “buena”, porque a esa velocidad, una pérdida del control del vehículo pudo hacernos dar no sé cuántas vueltas con nefastas consecuencias.

Sobre las 12 del día llegamos al inicio del camino que lleva hasta el río. Me despedí de Andrecito, me cambié de ropa y comencé a caminar. Pronto me encontré con un guajiro que guiaba dos yuntas de bueyes cargadas con sendos troncos. Nos sentamos a hablar. El hombre, al que le llamaban Juanito, era sobrino de Tomás y mostró grandes dote de conversador. Pasados unos diez minutos le dije que tenía que seguir y nos despedimos. Más adelante cogí a la derecha y crucé un arroyo con muchas dudas. Seguí esa senda hasta que dos jóvenes me rectificaron la ruta, por lo que regresé al camino inicial. Sobre las dos de la tarde llegué a la casa de Tomas.

La Jane había repartido una merienda como almuerzo, a base de con refresco y panes con pasta y mayonesa, y me guardó la mía. Luego de tragar, llamé a la gente para partir rumbo a la peña. La mayoría se embulló con la caminata, pero 7 prefirieron quedarse, teniendo la misión  de comenzar la cocina de los espaguetis de la comida.

Guiando yo a la delantera, partimos por detrás de la casa, cruzamos una cerca y seguimos en ascenso. Hicimos un alto bajo una arboleda para reagrupar a la tropa, pero realmente no había mucha distancia entre el primero y el último. Más adelante Ernestico tomó la punta. Pasamos junto a unos sacos de chayotes y seguimos por la ladera izquierda de un firme, teniendo al lado un cañón y más allá un firme paralelo al nuestro.

Llegamos al final del cañón, pasamos a la izquierda y seguimos en ascenso por un camino bastante pedregoso. Ya arriba, nos detuvimos frente a un hueco de unos diez metros de profundidad. Al continuar, salimos a un claro, volvimos al monte y nos aparecimos en un potrero de elevaciones. Nos acercamos a un loma que teníamos al frente, la faldeamos por la izquierda, pasamos a otra elevación, otro faldeo, luego un recio ascenso y comenzamos entonces a bajar en dirección a la peña.

Como yo era el único que conocía bien la zona, cogí la punta. Bajamos hasta un montecito, lo pasmaos por un trillo maltrecho y salimos a un tramo de hierbas altas y fuimos descendiendo hasta llegar al borde mismo de la peña.

En la ocasión había más hierba que cuando estuvimos allí los del Movimiento Cubano de Excursionismo en su segunda acampada. No obstante la vista era impresionante. Gran parte de la Sierra del Rosario se abría ante nosotros, con la interesante entrada al Cañón del Santa Cruz por la derecha en bajada. AL asomarnos con cuidado pudimos ver en el fondo el río y la casa de Tomás, por lo les lanzamos varios gritos a los que allí estaban. Luego llegaron las fotos, con un muchacho de Civil de fotoreportero con una buena cámara. Una bandera de la CUJAE vistió sus galas en la ocasión.

Terminado el relax, comenzamos el regreso con la gente pidiendo el maní de merienda. Tras ascender esforzadamente una cuesta, hicimos un alto para merendar. Allí una muchacha de Industrial soltó dos tablazos. Primeramente, al entrarle una noticia por su celular, nos comunicó que el Real Madrid había ganado al ser derrotado por el Atlético. El otro tablazo se lo propicié yo al comentar que esta era la segunda repartición de maní. Ella se asombró porque no recibió la primera cuota, la cual nunca existió.

Terminado el bocado y el bonche con la Industrial. Continuamos la marcha de regreso. El trayecto se fue tranquilo, con algo de cansancio en algunos. Llegamos al campamento aún de día, con la buena nueva de la llegada de Ailet, Eledys y Sajay, completando así la tropa de 30 guerrilleros. Raigosa y Dany, al mando de la cocina, había adelantado algo y algunos nos sumamos a las labores. Ya de noche repartimos los espaguetis y la abundante carne con salsa y el refresco. Terminado de comer, se apreció Juanito y algunos conversarnos un rato con él. Raigosa lo quería saber todo sobre vida de aquellos campesinos y no paraba de hacerle preguntas a Alexis.

Finalmente el sueño, el cansancio y sobre todo el tremendo frío que se iba colando por todos lados, pusieron en silencio al campamento.

Domingo 28 de febrero del 2016

Luis Ernesto, un automático que había dado un “de pie” insoportable en la cuarta acampada del Movimiento en los Baños del río Bayate, lo cual provocó que después lo lanzaran al agua con ropa, gritó algunos “de pie” a las seis, pero pronto se calló para no arriesgarse a ser lanzado otra vez al agua.

Di el de pie a las 6 de la mañana cuando la temperatura estaba entre los 10 y los 15 grados. A varios les costó trabajo salir de sus tiendas de campaña. Preparamos el desayuno con refresco y panes con pasta y mayonesa. Recogimos el campamento, nos tiramos unas fotos de grupo con Alexis, le agradecimos su hospitalidad y sobre las 9 de la mañana partimos a recorrer el Cañón del Santa Cruz.

Cañón 1

Cañón 1

Al inicio, en un entronque, me fui por la derecha con dos alemanes, pensando en adelantar el cañón por la falda. Pero al ver que el camino no acababa de bajar al río, regresamos. Nos juntamos todos en la orilla, comprobando que el cauce estaba lleno. En época de sequía el cañón suele estar seco, pues el agua corre de forma subterránea. Pero las lluvias no habituales del invierno provocaron que el cauce estuviera lleno. Ello presagiaba un aventurero paso del cañón. Para facilitar el avance en los lugares más complicados, yo llevaba los colchones inflables de Bety y Laura, dos buenas malnombristas, y Ernestico llevaba el suyo.

Cañón 2

Cañón 2

Los grandes farallones del cañón colmaban ya las expectativas de los primerizos. En sus laderas, los ceibones de troncos gruesos y verdes se encorvaban en busca del sol. Las pomarrosas abundaban en las orillas, con su habitual inclinación causada por las crecidas. En el lecho del río se asomaban las piedras por montones.

Cruzamos todos a la izquierda y avanzamos un tramo por esa vertiente hasta volver a cruzar. Esperamos un rato a que llegara la retaguardia, conformada por Raigosa, su novia, Dany y Adriana, quienes habían sumido tal misión espontáneamente.

En composición de grupo, avanzamos por un trillo entre el monte, volvimos a la orilla, cruzamos a la izquierda y llegamos a una poceta deliciosa. Se veía deliciosa por sus colores y la profundidad, pero el frío del agua era un dolor. Edgardo, Janett y yo nos tiramos y sentimos como agujas la frialdad del agua. Janet se lanzó con tal despiste, que lo hizo con los espejuelos puestos. Buceé un poco, pero el frío no me dejaba estar mucho tiempo en el fondo y finalmente tuvimos que dar por perdidos los espejuelos. Un automático al que le dicen “El Pollo” también fue al agua.

Fotos 3

Fotos 3

Terminado el baño, seguimos avanzando, cruzando la corriente de vez en cuando, hasta llegar a “Quitacalzones”. Allí el cauce se vuelve un embudo rodeado de farallones que no dan margen a una orilla cómoda. Por la derecha un cable ayuda al paso. Eledys pasó agarrada del cable mientras Fermín y yo inflábamos las balsas de Bety y Laura. Janett y yo nos montamos en ambas balsas, mientras Edgardo se subía en la de Ernestico. Comenzamos entonces a pasar a la gente y a las balsas navegando unos 15 metros, aunque algunos prefirieron llegar al orto lado agarrados del cable. Los que se montaban en las balsas hacían con mucha disciplina lo que le sorientábamos, tal vez por algo de temor y también para evitar el frío de tener que meterse completos en el agua. Roberto, un Industrial del Secretariado de la FEU del Instituto con algunas libras de más, casi me hace perder el equilibrio en la balsa. Luis Ernesto intentó pasar por las lajas de la orilla derecha y se cayó de nalgas. Del otro lado, Eledys descargaba las mochilas de las balsas y al rato se le sumo un alemán en la tarea.

Concluido el paso, seguimos avanzando hasta detenernos en la Cueva del Indio. Allí el río baja entre piedras y cae en un canal que tiene una interesante cueva anegada por la izquierda. El cauce va girando a la derecha entre farallones hasta que la orilla de la diestra se hace propicia para caminar. En total los balseros debíamos navegar unos 40 metros.

Cañón 6

Cañón 6

Nuevamente Janett, Edgardo y yo nos montamos en las balsas y comenzamos a pasar a las mochilas y a la gente. Rovic nos colocaba las mochilas encima para iniciar la navegación. Después Janett lo llevó un tramo y lo sustituyeron en la función. Del otro lado, nuevamente Eledys y los alemanes descargaban las mochilas.  Lo alemanes y un español, haciendo maromas, lograron pasar por el farallón de la derecha.  Edgardo curioseó en la cueva con una española. Casi al final, el Pollo le pidió la balsa a Janett y terminó haciendo sus funciones.

Terminado el complicado paso, seguimos la marcha a pie, a veces por las orillas y otras por el cauce. Edgardo y yo nos quedamos de retaguardia, pues fuimos los últimos en salir del paso de la cueva del Indio. Yo andaba con dos muletas, pues antes de la guerrilla me salió un raro dolor en la cadera mala.

Foto 7

Foto 7

Junto a una cueva que se asomaba por la izquierda, hallé una buena piedra y preparamos allí el tiroteo de maní. Algunos curioseamos en la cueva. Que se había formado por una rajadura de la montaña.

Seguimos camino con la tarde en esplendor. Vino un largo tramo de monótona caminata, ora por el río, ora por algún trillo de las orillas, hasta que comenzamos a ver la salida del cañón. La tropa, que andaba estirada, fue llegando poco a poco a la cascadita del final. Allí la Jane armó un tiroteo con las galletas y panes que quedaban, untándoles algo de mayonesa. Luego del bocado la gente comenzó a vestirse para hacer el viaje de regreso a La Habana, pero varios industriales se quedaron un rato más disfrutando de la cascadita, de modo que la Jane tuvo que agitarlos para que salieran.

Con el mismo camionero que llevó a la gente el día anterior se había cuadrado que n os recogiera a las cuatro de la tarde en la cantera. Saliendo del cañón, subimos a una altura, pasamos junto a una casa, cogimos un terraplén, doblamos a la izquierda en un entronque y salimos a la cantera donde ya nos esperaba el camión. La parte atrás, donde estaban los asientos, era una de guagua de escolares amarilla. Nos montamos los 30 y partimos.

Salimos al entronque de Chirigotas y cogimos rumbo a La Habana por la Autopista-Habana Pinar. Por el camino le hablé a la gente de los métodos que usamos en el movimiento  de excursionismo, de cómo compartimos las cosas, de la solidaridad. También les hablé de la importancia de que ellos como dirigentes fueran ejemplo y no criticaron cosas de la sociedad en las que ellos también cayeran, como por ejemplo, tener privilegios.

Hicimos un alto en el entronque de Candelaria para comer algo. Algunos entraron a una cafetería en divisas que hay junto al servicentro. En el puente de Novia del Mediodía comenzó a quedarse gente. Otros se quedaron en el Bello 26 y otros en el puente de la CUJAE. Los últimos en bajarnos fuimos precisamente los ocho malnombristas que lo hicimos donde el camión rinde viaje, en Cien y Autopista.

Terminaba así una guerrilla que acercó a varios dirigentes de la UJC y la FEU de la CUJAE a nuestra bella naturaleza, a la vida de los campesinos, al típico bohío cubano y a compartir esfuerzos en colectivo para lograr metas comunes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s